Telharmonium: La historia del abuelito de todos los instrumentos musicales electrónicos.

Por: Juan Pablo Castañeda Alcázar


La historia sobre el desarrollo de los instrumentos musicales es, sin duda, un relato fascinante, pero muchas veces poco documentado por los expertos en la materia. Es común toparse con pared, sobre todo al investigar sobre sus variados orígenes y evoluciones.

Al igual que la propia evolución biológica, los instrumentos musicales se han desarrollados a lo largo de muchísimos siglos, lo cual les ha permitido también ser perfeccionados con el tiempo e incluso ir dejando algunos ancestros en el camino como el particular y prehistórico Octobass, hoy ancestro del contrabajo moderno.



Foto: UM


Este quizás sea el caso del llamado y poco conocido Telharmonium, considerado por los historiadores como el primer instrumento musical electrónico de la historia, y en pocas palabras el abuelo de todos los sintetizadores modernos.

Para saber más sobre su origen hay que conocer al individuo encargado de llevarlo a la luz: el abogado norteamericano Thaddeus Cahill, quien patentó este invento en el remoto año de 1897. Cahill era un prolífico en la rama de la mecánica y previamente había logrado crear dispositivos innovadores tanto para pianos, como para máquinas de escribir de la época.


Foto: ETHW


Dichos antecedentes le permitieron comenzar a idear el Telharmonium (también conocido como el Dynamophone), en el ocaso del siglo XIX, el cual tenía como objetivo transmitir música a través de líneas telefónicas análogas, convirtiéndolo también ,claro, en un antecesor de las hoy odiosas tonadas musicales durante las llamadas en espera.

Expertos en la materia como Jay Williston del sitio synthmuseum.com argumentan que en gran medida Cahill presentó al mundo lo que hoy en día se conoce como el ‘Muzak’.


Foto: WK

Pero no fue hasta el año de 1901, que el abogado/inventor logró concebir la primera versión del Telharmonium, denominado el Mark I. El pequeño detalle es que pesaba la nada modesta cantidad de siete toneladas, lo cual fue apenas el comienzo.

Años después aparecería la versión final: Mark III, en cuya elaboración participaron 50 individuos y tuvo un costo en su momento de $200,00 dólares (algo así como casi 5 millones y medio en la actualidad). Sus dimensiones eran aún mayores, con una longitud de poco más de 18 metros, un peso de casi 200 toneladas y alrededor de 200 switches eléctricos.


Foto: Getty

Para lograr siquiera reproducir la música eran necesarias además 4 manos (dos personas operando el Mark III simultáneamente) y básicamente en su repertorio se incluían en su mayoría obras clásicas de compositores como Chopin, Bach, Greig, Rossini, entre otros.

Para una referencia visual más clara, el Mark III se parecía más a un cuarto de calderas industrial que a un instrumento musical moderno, sin embargo fue completamente revolucionario e único en su momento.

No obstante, sobra decir que desde su inicio fue un instrumento poco práctico para poder ser llevado a las masas. Pero esto no perneó en el espíritu emprendedor de Cahill quien encontraría inversionistas interesados en el nuevo invento; tras haber realizado pruebas en vivo en ciudades diversas de la Unión Americana. Transportando siempre el pesado aparato pieza por pieza por vías ferroviarias, impresionado a más de uno en aquel entonces.


Foto: UM


Incluso, su popularidad fue tal que para 1905 su empresa llamada New England Electric Music Company logró aterrizar un acuerdo con la compañía de teléfonos de Nueva York, para utilizar líneas y así transmitir las señales del Telharmonium a través de toda la ciudad.

En su patente original, el norteamericano utilizó la palabra “synthesizing”, por lo cual muchos hoy en día atribuyen que aunque su operación era más bien mecánica, el instrumento se puede considerar como el primer sintetizador de la historia de la música. Su complejo funcionamiento se basaba en engranes y cilindros que buscaban replicar la escala de notas en un piano.


“La cena del futuro” (la "familia ideal" escuchando la música del Telharmonium, siendo transmitida desde su lampara durante la cena.)


Se rumora que Cahill era un perfeccionista y decidió guardar el Telharmonium Mark III en el sótano de la Casa de la Opera en Nueva York, mientras lograba mejorar su plan para transmitir más música a través de líneas telefónicas.

Su plan fracasó rotundamente, el gran problema fue la señal amplificada que enviaban los cables, cuya magnitud era desproporcionada para la capacidad que se tenía en el siglo XX, ocasionando problemas técnicos con las líneas telefónicas en miles de sitios.

El problema se volvió tan grave que el Telharmonium llegó a causar interferencia e incluso interrumpir transmisiones de la fuerzas armadas. Se rumora que Cahill se frustró tanto que terminó ingresando al edificio donde se resguardaba su invento y lo destruyó colérico, aventado las piezas restantes a las orillas del río Hudson.


Foto: 808

Aunque esta parte de la historia nunca ha podido ser corroborada, suena sin duda acorde para el final de un instrumento adelantado a su tiempo.

Para 1908 la compañía de Cahill se declaró en banca rota, aunque el último Telharmonium continuó operando hasta 1916.

Lamentablemente no se conserva hoy en día ninguna grabación original del instrumento y el hermano de Cahill terminó vendiendo el último de los prototipos allá por el año de 1950. Aunque por partes, ya que no pudo encontrar a un comprador que lo quisiera completo, pues la radio había suplantado ya la vocación original del instrumento: llevar música a las masas.



Foto: PSU


El legado del Telharmonium sin embargo es claro, su diseño único inspiro también a instrumentos modernos como el órgano Hammond y el simple hecho de haber sido concebido en sí, inspiró a generaciones futuras a seguir innovando en la rama de los instrumentos musicales, como lo explica la academia de música Douglas Anderson:

“A pesar de su desaparición, el Telharmonium desencadenó el nacimiento de la música electrónica --- El compositor e intelectual italiano Ferruccio Busoni, inspirado por la máquina en el apogeo de su popularidad, se conmovió para escribir su "Bosquejo de una nueva estética de la música" (1907) que a su vez se convirtió en la llamada de clarín e inspiración para la nueva generación de compositores electrónicos como Edgard Varèse y Luigi Rusolo.”

Foto: PSU


Por último, muy a pesar del fracaso que experimentó Cahill al innovar con su creación, el Mark III logró inspirar también a otro genio inventor y escritor americano llamado Mark y de apellido Twain, quien durante una fiesta de Año Nuevo en su casa puso a prueba el invento, enalteciendo su virtudes tecnológicas para la dicha época.

Lamentablemente el apoyo de Twain no fue suficiente para que el Telharmonium se convirtiera en un éxito comercial, sin embargo hoy en día, su lugar en la historia como antecesor y percusor de la música electrónica, está más que claro.

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