Sol Oosel: Sintetizadores para sintonizar otros estados de conciencia

Por Jesús Pacheco (@peach_melba)


En el origen de En allégeance à l'inconnaissable - Une étude en chorégraphie pour le flux d'énergie (Umor Rex, 2019), el segundo álbum de Sol Oosel, se encuentra una invitación, casi un reto. Daniel Castrejón, fundador del sello discográfico Umor Rex, le preguntó a Sol si le interesaba hacer un álbum para ser publicado en su sello.

“Yo la verdad me sentí muy halagado”, confiesa Sol. “Soy gran admirador del sello y de lo que publica”.

Daniel había visto a Sol involucrar sintetizadores modulares en sus presentaciones en vivo de Janus, su primer álbum, y de ahí se le ocurrió la idea.

“Ambos entendimos que era un buen momento para realizar un álbum de mis exploraciones con los sintetizadores modulares. Y eso fue lo que comienza nuestro interés por realizar y publicar este disco”.


Foto: Sol Oosel / Cortesía Umor Rex


Cuando escuché el álbum, me intrigaron varias cosas: por un lado, el aspecto casi ceremonial, místico, de eso que podía describirse de manera muy vaga como ambient, pero también su carácter hipnótico y que debajo de todo parecía hallarse una invitación al movimiento.

Yo soy practicante de ZhiNeng QiGong, una práctica china que consiste en ejercicios mentales y físicos que estimulan y equilibran los flujos e impulsos del organismo, además de mover de manera consciente el Qi, esa fuerza o sustancia primordial que nos compone. Así que debo confesar que la alusión a lo coreográfico (los ejercicios de QiGong son muy armónicos y coreográficos) y al asunto del flujo de energía en el título del álbum, me hizo pensar de inmediato en ello, y no quise quedarme con la duda.

Me acerqué a Sol Oosel para preguntárselo, y pronto me lo confirmó: “Tengo muchísimo interés en el QiGong; lo he estudiado y lo he practicado. Me parece fantástico, y es algo que me inspira muchas preguntas. Así que el álbum sí que está vinculado a esto”.

A Sol, cada pieza del álbum le inspira o le provoca cierta coreografía o cierta danza física con la cual juega con el Qi o con el flujo. Me contó que cuando pone el disco, le provoca ciertas danzas y ciertas coreografías. El propósito del álbum era de alguna manera lograr ese tipo de ejercicios o conseguir música que a él le estimulara a hacer ese tipo de ejercicios.

“Y por otro lado un poquito más mundano, también quise hacer alusión al flujo de energía dentro del sistema que definen los cables y las perillas de los sintetizadores modulares, y la coreografía que hago yo al manipular el sistema”.

Para este segundo álbum, Sol Oosel fue más allá de sus exploraciones habituales de las posibilidades de la síntesis modular. En Janus, su álbum anterior, lo vimos haciéndolo por los rumbos del pop y del kraut. Esta vez, buscaba conseguir distintos estados de conciencia por medio del sonido.

“Siento que muchísimas cualidades se le pueden atribuir a la música”, sostiene Sol. “Una es que la música puede servir por un lado para facilitar la transición entre distintos estados de conciencia, y por otro lado, facilitar el sintonizarte con cierto estado de conciencia. Absolutamente toda la música tiene esta cualidad. Todo tipo de música de cualquier lado del planeta, y de cualquier momento de la historia de la música. En mi caso, mi propósito fue enfocarme en esta cualidad en específico; jugar con ella, y poner la atención en ella”.

Ese interés le viene de su fascinación por las ideas de gente a la que ha estado leyendo, estudiando: Robert Anton Wilson, Carl Jung, Krishnamurti, David Bohn… Sumado, claro está, a sus propias reflexiones. De todas esas lecturas y aproximaciones proviene el título: En allégeance à l’inconnaissable, que se traduce al español como “en alianza a lo incognoscible”.

El álbum tiene un espíritu a mitad de camino entre la música devota y los estados de trance. Sol persiguió ese carácter mediante el uso de tonos y estructuras. En algún momento, Sol ha dicho que las piezas del álbum no las creó, sino que más bien las encontró. Con ello hace alusión al proceso: el 90 por ciento del disco proviene de sesiones de improvisación.

“Las piezas, a final de cuentas, son momentos de una especie de meditación propia, donde tenía yo las manos sobre las perillas y sobre los cables. Realmente me propuse no planearlo ni pensarlo mucho, y dejarlo ser, dejarlo fluir, tal cual como improvisas una coreografía de QiGong no establecida. En un momento me perdía en ciertas coreografías ya planeadas, y decía: ‘Bueno, y qué tal si me suelto y me pongo simplemente a bailar’. La composición musical fue muy similar. Siento que a las estructuras y a los tonos llegué a veces por intuición, y a veces ‘por accidente’”.

Para alcanzar este viaje psicoactivo mediante el sonido, Sol Oosel utilizó en todas las piezas del álbum el SH-09 de Roland y su rack de módulos, que en su momento constaba de tres voces: un Elements, de Mutable Instruments; un Mysteron, de Make Noise, y el Telharmonic, de Make Noise. Eran en total siete módulos: las tres voces y cuatro funcionales. Además, en Temple of Names invitó al juego a una Jaguar Fender.

“Siento que para mi propósito, los sintes me ofrecieron un rango muy amplio de posibilidades sónicas. Así que de alguna manera me facilitaron el fascinarme con paisajes y estados desconocidos”.



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