A 50 años de «Sex machine»

El clásico de James Brown cumple medio siglo en una época en la que su legado de ritmo y placer está más vigente que nunca.


Por Leonardo Tarifeño (@leotarif)


Según James Brown, la escribió poco antes de saltar al escenario del auditorio municipal de Nashville, en el reverso del póster que anunciaba el concierto. Una vez terminado el show y a punto de viajar hacia la siguiente parada de su gira, subió al bus que trasladaba al resto de la banda e improvisó lo que se atrevió a llamar “una nueva canción”. En realidad, el borrador no pasaba de unos versos (principalmente, el latigazo “Get on up”), un título (inspirado en un jam de Sly & the Family Stone) y un ritmo, entrecortado y obsesivo, ideal para hipnotizar multitudes.



Mientras el líder cantaba al frente del bus, el bajista Bootsy Collins y su hermano Catfish acompañaron el ritmo para seguir la voz de Brown, quien marcaba el pulso con palmas y alaridos. La presunta nueva canción era poco más que un tarareo, pero al Padrino del Soul eso no parecía importarle. De inmediato llamó a su ingeniero de sonido, Ron Lenhoff, quien vivía en Cincinnati, y le pidió que lo ayudara a grabarla al día siguiente. Durante cinco horas, Lenhoff condujo de Cincinnati a Nashville sin saber que, mientras tanto, la banda intentaba convertir en sonidos las intuiciones de Brown. Al mediodía siguiente, casi sin ensayarla, grabaron cinco tomas y JB pidió que dejaran la primera. El resultado sería “Get up (I feel like being a) sex machine”, quizás el mayor himno jamás escrito a la sexualidad sin rodeos y un auténtico hito pop que en julio pasado cumplió ni más ni menos que 50 años.



En 1970, aludir de manera explícita al sexo en el título de una canción podía resultar provocador; sólo tres años antes, los Rolling Stones debieron cambiar la letra de “Let’s spend the night together” durante su presentación en el show televisivo de Ed Sullivan para que eso de pasar la noche juntos no implicara, del todo, lo que cualquiera podía imaginar. Sin embargo, a pesar de los dictados de la sociedad de su tiempo, James Brown logró con “Sex machine” lo mismo que ya había conseguido con “Say it loud, I’m black and proud” (1968): la liberación de las mentes y los cuerpos en una irresistible celebración al “soul power”. Hoy, “Sex machine” figura en la lista de sus mayores éxitos y, junto a “I feel good” y “Papa’s got a brand new bag”, expresa la aceptación mundial del funk.



Pero la vigencia de “Sex machine” no es sólo musical. En una época como la nuestra, en la que la relación entre sexualidad y política moldea la reivindicación de los derechos civiles (de los criterios de paridad de género a la discusión sobre el aborto), la extraordinaria potencia de su ritmo recuerda que el sexo, como la música, es un territorio de libertad absoluta, opuesto a las reglas sociales y hecho para la entrega y el placer. A 50 años de su grabación, “Sex machine” no deja de movilizar a quienes la oyen. ¿Hay mejor prueba de la genialidad de un artista?



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