Proyecto Re Cover: de amor por la música a creación en comunidad

Una serie de reuniones entre amigos para escuchar música pronto se convirtió en el detonador de un proyecto que ve en las portadas de los vinilos una oportunidad para la creación.


Por Jesús Pacheco (@peach_melba)


Allá por 2007, comenzó a suceder una serie de reuniones entre amigos, casi todos artistas plásticos o diseñadores gráficos, que tenían un propósito fundamental: compartir y escuchar sus descubrimientos musicales.

“Básicamente era hacer una playlist colectiva en el estudio o el taller de algún amigo artista”, cuenta el artista visual Omar Barquet. “Nos juntábamos en ese momento a hacer cosas con YouTube y cada quien, en el orden en el que fueran llegando, iba añadiendo una canción”.


Omar Barquet en Rey Vinilo


En ocasiones definían algún concepto: a veces era soundtracks, otras videos sexies… De esas reuniones salían con una nueva y estimulante playlist, que luego se compartían entre todos.

“Era una reunión, echábamos la botana, y en alguna de esas ocasiones recuerdo que fuimos al taller que compartían Daniel Alcalá y Agustín González, y Agustín tenía una serie de pinturas que estaban muy inspiradas en carteles como de teatro popular y de cine. Entonces ahí nos dijimos: ‘qué tal si hacemos una expo de carteles’, y yo les dije: ‘qué tal si mejor hacemos una expo de portadas de disco. La consigna fue que todos le entraran y que se rifaran una chingona”.

Pero no quisieron que todo quedara entre amigos, y decidieron lanzar una convocatoria. Había comenzado a tomar forma el proyecto Re Cover. El concepto estaba sugerido en el nombre: volver a “coverear”, recuperar, jugar con la portada.


¿Cómo se ha ido transformando el proyecto? Omar Barquet: Ha tenido un montón de fases, desde intentos muy fallidos de exposición. Al principio fueron 35 piezas de esa primera convocatoria entre amigos. Después íbamos a hacer el evento en un lugar que se llamaba Exmolino, y tres días antes de inaugurar, nos cancelaron el espacio. Después se pospuso varios meses, pero eso duplicó el número de participantes a 70. Luego hubo varias cancelaciones más. Al principio, de ser algo muy informal entre amigos, Re Cover fue poco a poco buscando un espacio y la convocatoria se fue ampliando. El grupo de artistas se fue incrementando hasta llegar a 200 inscripciones en el lapso de un año, y de las cuales llegaron físicamente 140 piezas. En aquel momento, no había una curaduría; todo era bienvenido, excepto por cuestiones técnicas. Solo fueron rechazadas dos piezas —porque no estaban en condiciones óptimas— de esas 200 inscripciones.

¿Dónde sucede la primera exposición entonces?

OB: Se hizo en Casa del Lago en el 2011, fue un evento muy importante para nosotros. Logramos integrar también un ciclo de cine, varias actividades; por ejemplo, invitamos a hacer visitas guiadas a gente que provenía de distintos lados de la música y de la industria: conductores de radio, musicólogos, historiadores... Era gente que venía de otros contextos, directa o indirectamente vinculados a la música. Fue muy interesante, porque justo se alimentaba la historia de las portadas desde perspectivas muy enriquecedoras.

Y una cosa que para nosotros fue la parte más interesante de este proyecto fue que era muy horizontal. Podía participar desde el principio gente que nunca había expuesto, gente que provenía de la psicología, de las matemáticas... Que proviniera de otro lugar, pero que estuviera ligada o enamorada de la música o de toda esta cultura visual.


Además de ti, Omar, ¿quiénes fueron los instigadores del proyecto? OB: Antes de que lo bautizáramos como Re Cover, estaban, por ejemplo, Gabriel Carrillo de Icaza, coleccionista de discos y que sabe mucho de música —le gusta escribir, bloguea y aparte es pintor—, Elizabeth de Jesús, quien hizo una de las piezas de nuestro actual showroom. David Medina se sumó después, cuando el proyecto empezó a armarse; él colaboraba en mi estudio y de ahí nos hicimos socios para empujar el proyecto. Mauro Giaconi, Ernesto Alva, Alex Bolio, quien se encargó en esa primera etapa de toda la parte del diseño gráfico. Chucho Caba, que se sumó después y nos hizo el logo y nos armó toda la parte de branding del proyecto. Fue una oportunidad interesante de intercambio, porque Re Cover te daba la oportunidad de jugar con las imágenes y con la música, pero a los que estaban muy metidos en el diseño, les dio la oportunidad de llevarlo a instalación o a otros medios. Fue muy divertido. La lista es larga. Gustavo Gómez-Brechtel, artista también, fue quien bautizó el proyecto. Nuria Richards nos ayudó muchísimo en difusión. Fue un gran grupo de amigos... Daniel Alcalá, con quien solíamos coincidir. Después se fue generando toda una comunidad.


¿En qué momento se encuentra el proyecto? OB: Una de las cosas que sucedieron fue que casi toda esa generación estábamos arrancando nuestras carreras. Muchos empezaron a destacar y tuvimos que parar este proyecto para concentrarnos en la chamba personal; en exposiciones y otros proyectos. Todo mundo empezó a ceder a otras prioridades. Y Re Cover era un proyecto al que dedicábamos muchísimo amor y de muchísima comunidad, pero no nos dejaba un peso. Esa fue una de las razones por la que lo dejamos en pausa algunos años.

Después, con el tiempo, alguien del Centro Cultural de España nos propuso relanzar el proyecto. Nos ofrecía todo el Centro Cultural de España para hacernos cargo del aniversario desde lo musical. Re Cover tiene como posibilidad que es superflexible; se puede incluir en muchísimas áreas. Nos dijeron: “Vamos a hacer algo educativo”. Entonces diseñamos un taller de scratching y un taller de collage para hacer tanto portadas como tornabilismo para el área de niños y adolescentes. Teníamos ya un ciclo de cine, teníamos programada una fiesta temática que recorría la historia de la música negra en diferentes horas, con diferentes djs... Y la exposición cerraba todo ese ciclo. Todo el año íbamos a tener una programación. Ya que habíamos armado todo eso, relanzamos la convocatoria para tener un año de convocar gente para Re Cover. Muchos de los que estuvieron en la versión anterior se sumaron con una nueva propuesta y otros se empezaron a incluir, gente que no conocíamos. La cosa es que después de hacer nuestra presentación en el España, nos cancelaron el proyecto. No quisiera generar un malentendido, pero nunca entendimos qué pasó. Suponemos que fue un tema de presupuestos o de cambio de perfil, pero hubo muy mala comunicación.

Surgió entonces la oportunidad de realizarlo en Alumnos 47, que fue un exposure increíble para nosotros. Fue una dinámica divertidísima. Se generaron nuevas activaciones del proyecto. Vimos más posibilidades del proyecto Re Cover como un lugar que no necesariamente tiene que tener una sede, sino que puede hacer pop ups. Diseñamos un biombo con el que podemos tanto hacer exposiciones como generar dinámicas de participación entre música y espectador.

Ha estado mutando, y en ese evento de Alumnos 47 también conocimos a Marco, nuestro nuevo partner en Rey Vinilo. Él nos dijo: “Tengo este espacio y tengo este proyecto que está tratando de empujar la cultura del vinilo y su producción en Latinoamérica; tenemos esta máquina, tenemos este espacio y yo quiero que ustedes se hagan cargo de la curaduría de las portadas”. Entonces estamos armando un showroom de Re Cover en ese espacio. La idea es que sea un espacio flexible, tanto para tener conversaciones como para hacer residencias con artistas invitados. De pronto, se va a volver un estudio de tatuaje en ciertas temporadas si el artista es tatuador. Será un espacio muy flexible.


A estas alturas, ¿cuántos artistas han formado parte de Re Cover?

OB: Unos 240, 250. Y la convocatoria está abierta de nuevo, porque ya estamos en condiciones de estar recibiendo gente en escalas muy pequeñas. Nunca fue tan difícil conseguir gestionar un proyecto: cambio de gobierno, recortes presupuestales a cultura, los espacios que estaban interesados en el proyecto cancelaron por cuestiones de presupuesto... Ha sido contar con el apoyo de todos los participantes, de muchísima confianza; saben que estamos haciendo buen cuidado de la obra y tratando de difundirla.


Pieza de Mauricio Chacón


Más allá del showroom, ¿habrá algún tipo de colaboración en las portadas de los discos que estará trabajando Rey Vinilo?

OB: Hay un programa de varias cosas. Una de ellas [estaba sucediendo a unos metros mientras teníamos esta conversación] es que habrá un serigrafista trabajando en hacer variaciones de tono sobre una misma portada y haciendo un múltiple, pero con piezas únicas. Esa es una dinámica que Rey Vinilo tenía desde el inicio, cuando nos convocó a Re Cover. Entonces lo que él quiere es que nosotros empecemos a curar desde nuestros participantes o de nuestro network quién podría ir con qué tipo de música para desarrollar dinámicas cómo esta; hacer collages, hacer fotografía… La idea es que Re Cover se convierta en una vitrina de talento, de trabajos o de proyectos alternos a los portafolios que vienen trabajando los artistas.


¿Y están trabajando con algún disco en específico?

OB: Dos discos, el de Budaya y el de Carla Morrison. El de Carla Morrison lo estoy reinterpretando yo en colaboración con Leo Manzo, que es fotógrafo, y estamos teniendo un diálogo creativo. Y vamos a generar una propuesta limitada de portadas nuevas. Será el mismo disco, pero para el tiraje extra de vinilos se harán piezas especiales.


¿Y el de Budaya?

OB: El de Budaya va a ser una dinámica distinta, porque hay una edición en blanco y negro de su álbum Calma, que parece cómo de libro para colorear. Entonces vamos a invitar a 10 artistas, y se va a hacer un clip en vivo. Durante los poco más de 40 minutos que dura el disco, se va a hacer una intervención y el resultado se va a subastar. Van a ser 10 piezas únicas.


Pieza de Santiago Robles


Nuestros amigos de Re Cover hicieron esta playlist para homenajear a los participantes de la segunda edición de la exposición Re Cover 2019-2020:



Gunk

Legal

Redes

Jab

Hook

Blast

  • Instagram - Círculo Blanco
  • Facebook - círculo blanco
  • Twitter - círculo blanco

Contacto

Leak

© 2020 Gunk