Cuatro divas indestructibles

Con el pretexto del reciente lanzamiento de la reina del bullerengue, Enrique Blanc echa un vistazo a cuatro mujeres que han hecho canciones memorables en días recientes: la colombiana Petrona Martínez, las brasileñas Elza Soares y Dona Onete, y la trinitense Calypso Rose.


Por Enrique Blanc (@enrique_blanc)


El reciente lanzamiento de Ancestras, el homenaje a la llamada “reina del bullerengue”, ese estilo tradicional de la costa del Pacífico colombiano, es decir Petrona Martínez, quien a sus 82 años sigue en total actividad, hace que uno recuerde a otras mujeres que bien entradas en edad continúan dando muestras de indiscutible talento, empuje y gusto por continuar vigentes.

Aquí me acercaré a cuatro que han hecho canciones memorables en los días recientes. Ellas son, además de la colombiana: las brasileñas Elza Soares y Dona Onete, y la trinitaria Rose Calypso.


Petronita

Con ese apodo es como Susana Baca, la peruana, nombra a Petrona Martínez en “El niño Roncón”, uno de los 18 tracks que contiene Ancestras, el disco que ha lanzado el sello Chaco World Music, que hace unos años también nos diera el gran tributo a Magín Díaz, ese disco asimismo fantástico titulado El orisha de la rosa.

Ancestras es una especie de homenaje en el que muchas voces se alían para dar vida a canciones que no solo recrean otros ritmos del rico folclor colombiano —la rumba pacífica y la chalupa, entre ellos—, sino que también intentan venturosas fusiones como ese bullerengue-mariachi, "(Ni)ño Carabalí", que Petrona emprende junto a las estadounidenses Flor de Toloache.

Un desfile de vocalistas procedentes de distintos rincones del continente acompañan a Petrona por diversos desembarcos musicales. Está allí Nidia Góngora, una de las voces renovadoras de la música del Pacífico afrocolombiano, a quien recordamos como parte del célebre proyecto Ondatrópica y colaborando a menudo con el británico Quantic. “Bobby” es la canción que las hermana, donde la marimba, instrumento esencial de esa música, se compagina con voces y una percusión cruda y potente.

Otras cantantes aquí presentes son la africana Angelique Kidjo, quien canta en “Ay mi gallina” y la brasileña Xenia França, que hace lo propio en “Mejor que me mate Dios”. Una que evoca los juegos corales del góspel, en la cual las mujeres que cantan piden con una dosis de humor morir en manos del creador. Uno de sus versos reza: A Dios le pido un ciclón/ también un aguacerazo/ o media botella de ron/ que me mate un centellazo… En esta también participa la panameña Yomira John.

Un disco que ratifica el tamaño que esta cantante legendaria tiene no solo en su natal Colombia, sino en todo el continente.

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La mujer del fin del mundo

La abundante discografía de Elza Soares, que ha llegado a los 91 años de edad inspirada y llena de dinamismo, está colmada de grandes momentos. Valga recordar ese estupendo álbum de 2002, por mencionar uno, de nombre Do Cóccix Até o Pescooçco donde con su voz rasposa y ajada canta desgañitándose: ¡La carne más barata del mercado es la carne negra!, denunciando la persecución de la que su raza ha sido víctima desde tiempo inmemorial.

Señalada en su juventud por haber sido madre a edad temprana, y posteriormente por convertirse en la amante de Garrincha, uno de los futbolistas más admirados de ese país que se desborda por el balompié, Elza Soares mostró desde siempre no solo una pasión incontrolable por cantar, también una sed de experimentación que su obra más reciente, particularmente los álbumes A mulher do fim do mundo (2015) y Deus é mulher (2018) dejan muy en claro. Ambos tienen como ingrediente esencial el hecho de que están trabajados junto a ese colectivo de músicos y compositores de São Paulo que juntos han dado vida al colectivo Passo Torto, es decir esos vanguardistas con alma de tradición: Kiko Dinucci, Rodrigo Campos, Romulo Fróes y Marcelo Cabral.

Dos discos sin desperdicio que encaran al escucha con verdades que hacen temblar, rebosantes ambos de una musicalidad que exuda originalidad e imaginación desatada, acorde para la voz inclasificable de esta mujer a quien la edad le ha dado a su garganta el mejor momento de su carrera, rebozándola de vida.

Una leyenda, con una historia que no deberá tardar en ser llevada a la pantalla, tan compleja, adversa y maravillosa a la vez como la de Billie Holiday o Edith Piaf, y que ha tenido un retorno impetuoso para demostrar una personalidad recia curtida a desvelos, infortunios y, sobre todo, emoción y pasión artística a rajatabla.

Sin duda, uno de los momentos más determinantes de la música brasileña contemporánea, ese en el que Elza Soares ha llegado a una edad en la que su personalidad y la potencia de su voz la han consagrado como una de las indiscutibles divas de una música que para fortuna del mundo está plagada de mujeres.

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Rosa del calypso

Calypso Rose, la hoy indiscutible reina del calypso, ese estilo musical procedente de las Antillas que ha tenido distintos momentos de esplendor a lo largo de la historia, recibió en 2016 la atención que merecía tras el lanzamiento de Far From Home, el álbum que ha servido de trampolín para revalorizar su increíble y productiva carrera musical.

Far From Home ofrece una versión contemporánea de ese género musical, en la voz de esta diva nativa de la isla de Tobago que en varias ocasiones ha sido reconocida como “reina” del mismo, y cuyo valioso legado obligó en 1978 a los organizadores del galardón “Rey del Calypso” a rebautizarlo como “Monarca del Calypso”, a favor de la presencia femenina en el género, representada por ella.

Destaca en el álbum la presencia de Manu Chao, quien toma parte en tres tracks, aporta letras y producción en otros, y se deja contagiar de la alegría rítmica de un estilo que de nueva cuenta vuelve a escucharse por doquier, tal como lo hiciera en antaño, sobre todo de la mano de quien fuese considerado su más reconocible representante en Estados Unidos, el cantante y actor Harry Belafonte.

En la azarosa vida de quien tiene como nombre de pila Linda McCartha Monica Sandy-Lewis destacan hechos como su nacimiento en el poblado de Bethel, en 1940. De igual manera, el momento en que escribió su primer calypso, “Glass Thief”, luego de atestiguar cómo un hombre hurtaba los lentes de una mujer en un mercado; una letra que de paso denunciaba las condiciones de inequidad entre sexos. Y, desde luego, la célebre noche de 1967 cuando ella y Bob Marley actuaron en el Grand Ballroom de Nueva York.

Previamente a la llegada de Far From Home, el sello francés Because! —el mismo donde publica Manu Chao— realizó la compilación Calypso Soundsystem en la que se incluyen tres tracks de Calypso Rose, a la par de canciones de otros exponentes del género como Tom Charles and His Orchestra, Atilla, Blue Boy y Maestro. Una probadita de una obra abundante, con más de 20 grabaciones, producidas a lo largo de cinco décadas.

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Reina del carimbó

Fue en 2012 cuando Dona Onete, entonces con 73 años, fue escuchada más allá de su tierra natal, el estado de Pará en la Amazonia brasileña, gracias a la salida de su disco debut Feitiço Caboclo, con el que hizo saber al mundo que se reclamaba ser la exponente más magnética y reconocida de esa tradición brasileña que conjuga música y danza, y por la que la han rebautizado como “Reina del carimbó”. Hasta entonces, fue que esta mujer de emotiva voz consiguió profesionalizarse e insertarse de buenas a primeras en los circuitos de los festivales más prestigiados de músicas del mundo, pese a que desde muy joven era conocida por cantar estilos tradicionales como samba, cuadrillas y otros más del folclor paraense.

Feitiço caboclo incluyó 11 tracks que exhiben el poderío rítmico de una música tradicional marcada por la alegría y la gozosa exaltación de la vida. Si algo quedó claro a partir de la escucha de canciones como “Carimbó chamegado”, “Jamburana” o “Moreno morenado” es la vitalidad que corría por las venas de quien en realidad se llama Ionete da Silveira Gama. No en vano, alguien muy allegado a ella, exaltando el ímpetu de su música y la sensibilidad de su voz la describió como: “Una Grace Jones en el cuerpo de una Cesaria Évora.”

A Feitiço caboclo le siguieron Banzeiro (2016) y Rebujo (2019), ambos editados por el sello británico Mais Um Discos —también casa de algunos lanzamientos de la Soares—. En el último, aplaudido el año de su salida por la crítica especializada alrededor del orbe, su música no niega el carácter infeccioso que invita a cualquiera a bailar en tracks como “Mexe Mexe”, “Tambor do Norte” y “Festa de Tubaráo”. Un disco que parece no saber del drama de la vida y que comunica la misma felicidad que su autora demuestra en la foto que ilustra su tapa donde aparece sonriente mientras agita unas maracas.

En la cumbre de su vida, Onete transmite satisfacción en la mirada tras haber transitado por una existencia placentera aunque ardua que está llena de anécdotas, muchas de las cuales son inspiración de sus letras. Fue maestra de historia, investigadora de folclor, líder sindical, secretaria de cultura, autora de libros para niños, y ahora una reconocida cantante que nos ilumina con la descarga de energía que irradian su persona y sus melodías.

Otra diva indestructible para también celebrarla con la vehemencia con que se recibe un carnaval.