Pauline Oliveros: La escucha del porvenir.

Por: Oscar Calvado.


Take a walk at night.

Walk so silently

that the bottoms

of your feet

become ears.

Pauline Oliveros.


El pasado 30 de mayo se conmemoró el natalicio de una de las figuras más influyentes, enigmáticas, innovadoras y complejas de la música experimental del siglo XX. Se trata de Pauline Oliveros, compositora experimental nacida en Houston, Texas, en 1932.

Entre sus numerosos aportes, Oliveros es conocida principalmente por su acercamiento a la música y el sonido a través de lo que bautizó como “Deep listening”, la “audición profunda”. Se trata de un método y una práctica meditativa e improvisatoria cuyas consecuencias rebasarían el plano meramente musical para insertarse directamente en pensamiento filosófico contemporáneo.

Sobre qué es exactamente “Deep listening” (o cómo es que funciona), restan aún muchas dudas. Sin embargo, es menester echar un vistazo a la batería poético-conceptual con la que Oliveros abordaría algunos de los problemas más importantes de la música y la vida diaria: la escucha, la audición, las posibilidades y limitaciones del oído, el espacio-tiempo sonoro, el paisaje sonoro, la interpretación del sonido, el estancamiento de la vida cotidiana, entre otros. Es probable que sus preguntas y reflexiones encuentren un eco y una claridad singulares en nuestro tiempo y en el tiempo por venir, pues pareciera que, hoy más que nunca, debemos aprender a escuchar: entre el asfalto y la mala hierba, el tránsito vehicular y los bosques ocultos entre autopistas, escuchar y escucharnos, a nosotros y a la naturaleza.


Deep Listening: el alcance y las fronteras.


Partimos de una indistinción: un umbral, un límite, una frontera. Avanzamos lentamente por los márgenes: los de nuestra propia subjetividad y los del mundo. Escuchar, para Oliveros, es un acto unitario, de indistinción y al mismo tiempo de identificación: y escuchar no es oír. “Escuchar, amar o ser son, en la creadora musical estadounidense, una unidad indisoluble que remite a una acción simple: atender con el oído al mundo externo e interno, una forma de sabiduría esencial para el proceso creativo e interpretativo, algo que para muchos músicos pasa a un segundo o último plano al ceder sitio tanto a la técnica como al sistema”.[1] ¿Y qué es aquí lo indistinto? Precisamente el afuera y el adentro, yo y el mundo, yo y no-yo.




Vivimos en una era categóricamente dual: amos y señores del individualismo, la ley y el progreso, somos claros pensadores de la identidad: si algo es algo, no puede ser otra cosa. Yo no puedo ser otra cosa de lo que efectivamente soy, y entre lo que soy y lo que escucho, aparentemente hay una distancia infinita: un afuera, un adentro y una conciencia. Pensamos asociativamente y llegamos a consensos, de todo tipo, incluso sonoros: el lenguaje es uno de ellos. ¿Qué podemos escuchar aquí? Y, de nuevo, escuchar no es oír, aquí si hay distinción. “El oído oye, el cerebro escucha, el cuerpo siente vibraciones”.[2]Oír es únicamente un medio físico: el oído posibilita la percepción de ciertas ondas sonoras. Escuchar es poner atención a eso que se oye, interpretarlo, comprenderlo: con el cerebro y no el oído; habitarlo, demolerlo y reconstruirlo desde dentro. Escuchar es ser, escuchar es un modo de existir y estar en el mundo, de interpelar, de reaccionar. Escuchar es una práctica de toda la vida, y debemos recordarnos constantemente cuando solamente oímos, pasivamente.

Para Oliveros, es precisamente en esta escucha atenta, esta audición profunda, en donde nuestra percepción y nuestra sensibilidad se juegan. Escuchar, que en un primer momento puede dirigirse a un detalle (un solo tono o timbre, un sonido particular), debe en realidad abarcar, después de una ardua práctica, todo el continuum espaciotemporal de los sonidos: escucharlo todo. Escuchar para después crear: el paisaje sonoro es nuestra responsabilidad, más que nunca. “Ahora, en el siglo XXI, el paisaje sonoro (soundscape) está considerablemente adelgazado por el asfalto, la pavimentación de concreto y el desarrollo de la construcción”[3], y es precisamente en la mezcla de ese concreto donde

nuestro alcance sonoro ha sido coartado; ya no podemos escuchar más allá, hacia las afueras (o incluso, hacia los adentros, más adentro del concreto) de la ciudad y los postes de luz. Al igual que nuestra mirada, nuestro pensamiento, nuestro tacto y nuestro olfato, nuestra escucha ha sido víctima de un proceso civilizatorio que quirúrgicamente le ha quitado todas sus posibilidades, y con ellas, sus esperanzas. Un proceso que la ha adelgazado y le ha robado su creatividad y su reconocimiento. Y de nuevo, para salir de este embrollo, debemos escuchar-crear: reconstruir, con nuestro oído-mano, ese horizonte que tanto necesitamos, y en el que recae todo el porvenir. Futuro: la re-conexón.

El diagnóstico es grave: impotencia, letargia, desatención y, por supuesto, sordera.

Ya no soñamos, imaginamos, pensamos ni creamos. Estamos desconectados de nuestro entorno, y cuando estamos a punto de salir de él, el celular resuena: estamos atrapados. Nuestros consensos sonoros rebasaron al lenguaje y se prolongaron hacia otras esferas de la vida: la música actual y su evidente homogenización (principalmente en el ámbito del pop y la electrónica), carente de toda creatividad, toda potencia de innovación o reflexión; repetición de sí misma bajo la fórmula del éxito financiero de los top 10 de Billboard (se trata siempre de la misma canción: la misma gata pero revolcada). Sonidos carentes de ideas, sentimientos y memoria, pero cargados de dispositivos subjetivantes y homologantes.


Tarjeta postal de Pauline Oliveros.


Debemos recuperar la conciencia, el pensamiento y todas sus potencias. El sonido de la tecnología y la carrera urbanizante es, en efecto, aplastante. Pero eso no es todo: ahí no se agota la sonoridad del paisaje contemporáneo. Para el que escucha, todo un abanico de posibilidades se despliega sobre los rascacielos y los laboratorios médicos. Quizás ahí esté el germen de una nueva, aun más nueva, música electrónica, y con ella, una nueva forma de vida. Es menester reconectar: con nuestro entorno y nuestros sonidos, y de ello depende nuestro porvenir. Concluye Oliveros: “the level of awareness of soundscape brought about by Deep Listening can lead to the possibility of shaping the sound of technology and urban environments. Deep Listening designers, engineers and city planners could enhance the quiality of life as well as sound artists, composers and musicians”[4].



[1] Julio Estrada. Pauline Oliveros (1932-2016). [2] Pauline Oliveros, The difference between hearing and listening. En: https://www.youtube.com/watch?v=_QHfOuRrJB8&t=539s


[3] Oliveros. Deep Listening. A Composer’s sound practice. Preface. New York: Deep Listening Publications (2005).


[4] Ibidem.

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