Mateo Lafontaine: Música electrónica, arte visual y publicidad.

Por: Rogelio Garza /@rogeliogarzap


El corazón de Mateo Lafontaine detuvo su beat tan sólo unos días después de su cumpleaños 58. En 1982 empezó a tocar música electrónica y desde entonces integró una decena de proyectos en los que experimentó prácticamente con todos los trebejos, estilos y ritmos para bailar, los más brillantes fueron los dúos María Bonita y el aclamado Década 2. Con su muerte se va uno de los artistas electrónicos más innovadores en México.



Juan Carlos González, como lo conocían en su casa, llegó a la música a través del dibujo. La obsesión infantil por dibujar los trazos geométricos urbanos lo llevó a su primera gran influencia en la adolescencia: Kraftwerk. Apenas en abril de este año murió Florian Schneider, uno de los fundadores del grupo alemán que surgió en la intersección de la música experimental y el arte visual. Para Mateo Lafontaine, quien cultivó ambas disciplinas, el parteaguas de la música electrónica se dio precisamente con ellos. Antes la electrónica era considerada culta, virtuosa y muy cara; a partir de Kraftwerk, su concepto y estética, se popularizó como una música para bailar. La electrónica conectó muy bien con el punk de Suicide, el pop The Human League y OMD, y el postpunk de Joy Division/New Order, la segunda gran influencia de Lafontaine. También pensaba que los ochenta, por más mal que la gente hablara de ellos, fue la última década en la que se hizo algo musicalmente nuevo. A partir de los 90, afirmaba, todo ha sido un reciclaje. Esto es cierto si pensamos en la electrónica, el goth y el punk hard core. El dibujo también llevó a Mateo a conocer a sus grupos de rock favoritos para hacer los flyers y las portadas de sus discos. Más tarde también lo depositó en las agencias de publicidad, donde se hizo director de arte y después uno de los directores creativos más cotizados del país.



En 1982, en plena efervescencia del punk donde ruleaban los grupos de la periferia al norte de la Ciudad de México, mientras en el sur sonaban Size de Walter Schmidt e Illy Bleeding y Dangerous Rhythm de Piro en el Hip 70, Mateo se armó de sus primeros sintetizadores con el fallecido Jesús Bojalil. Este querido personaje, reconocido como el legendario Capitán Pijama, periodista, editor de Playboy, residente de Texas y músico pionero de la electrónica en México, dotó a Lafontaine de equipo y asesoría técnico-musical. Coincidimos en las páginas de La Mosca, más tarde nos reunimos en la casa del periodista y editor Jesús Quintero, donde intercambiamos libros por discos y trabamos cierta amistad durante sus últimos días. Pilar Ortega hizo un documental sobre Dangerous Rhythm y aquella escena punketa, Aquí no pasaba nada, el momento cuando Mateo empezó a abrirse un camino contracorriente, inspirado por el binomio Kraftwerk/Joy Division, con su pelo cortísimo, geométrico, y sus ojos bicolor tatuados detrás de los cuales hay una larga, extraña y dolorosísima historia.



Después de probar el techno con Old Fashioned, en 1983 integró el dúo electro pop de cabaret María Bonita con su hermano Mario Lafontaine, coleccionista de discos y especialista en música. Mario era más bizarro. Una vez nos conocimos afuera de los Flamin Groovies, él estaba ahí por otros motivos, pero eso no evitó que nos diéramos tremendo gallo y nos quedáramos a platicar antes de entrar. En María Bonita, Mateo se vestía de cura y Mario de mujer, un acto conflictivo en aquella época. Al siguiente año, en el 84, Mateo Lafontaine y Carlos García de la tienda Super Sound integraron Década Hoy, el dúo de industrial y electric body music que más tarde cambió a Década 2, el proyecto más ambicioso y duradero. En 1985 trabajé como asistente de los ingenieros electrónicos que instalaban el sonido y la iluminación del Metal, un antro gigantesco de la Zona Rosa en la calle de Varsovia, hermano del Bar 9 que estaba a la vuelta, en Londres. Me mandaban para cuidar que los diyeis, al calor del alcohol y la cocaína, no tronaran los amplificadores y las bocinas que me tocaba cambiar cada mañana. Gastaban un dineral en eso. En ese lugar escuché por primera vez a Década 2. Después tocó en el Tutti Frutti, por ahí circulan los flyers de sus presentaciones.



En seguida Mateo entró a las agencias de publicidad como Walter Thompson. Durante los noventa fue el director creativo consentido de Coca-Cola en McCann Erickson. Nunca trabajamos juntos, pero algunos conocidos mutuos siempre se expresaban de él como un tipo excéntrico, director creativo talentoso y un dibujante excepcional. Su vida siempre estuvo marcada por el dibujo, la pintura y el diseño gráfico. Desde entonces se dedicó a crear la imagen de Década 2 a través del diseño y el video. En la publicidad, como en todos los ámbitos, la gente se identificaba por medio de apodos que cobraban fama. Mateo era muy conocido como El Huevo. Hoy esto es impensable sin caer en el espinoso tema de la corrección y sin ser señalado de inmediato por los que se ofenden ante cualquier estupidez.



En 1988 salió al aire uno de los programas de Rock 101 dedicado a la electrónica, Extasis 1–01, conducido por Mateo Lafontaine y Carlos García. Estuvo al aire un par de años, musicalizado por el catálogo de discos Super Sound, un semillero musical del que Pilar Ortega también hizo el documental Just Like Heaven. La única vez que crucé palabras con Mateo fue en un festival de música electrónica en los noventa. Llegué con Omar Flo y Claus Bita del dúo cyberpunk Cenobita, que también tocaba aquella noche. Al final conversamos un momento, más de publicidad que de música, en esa época trabajé en la agencia Bozell para otras marcas de Femsa y sondeaba la posibilidad de moverme. Mateo tenía fama publicitaria y trabajar con él era una aventura; no tanto por la marca que siempre ha sido y será atractiva, sino por él.



Quizá el momento cumbre de Década 2 fue cuando tocó Front 242 en México. El 25 y 26 de septiembre de 1991, Super Sound organizó el primer concierto masivo de música electrónica en el país: Front 242 de Bélgica y Década 2 de México en el Teatro Ángela Peralta en el entonces Distrito Federal. Por una complicada historia sobre desorganización y fallas de producción, Década 2 no pudo abrir el primer concierto. Encima de todo, los vecinos de la colonia Polanco pusieron el grito en la delegación por el desmadre que se armó con un portazo monumental. Así que el segundo concierto se canceló y muchos nos quedamos con boleto en mano. Después de trabajar intensamente en la organización y difusión de los conciertos que iban abrir para sus ídolos (la idea de traerlos fue de Carlos García), Década 2 cayó en una crisis que los llevó al truene. Y lo peor, Super Sound perdió tanto dinero con la cancelación que también allí comenzó su fin: tuvieron que reembolsar los boletos con discos de la tienda. Nunca se recuperaron.



A mediados de los noventa, Década 2 ya había experimentado con industrial, EBM, postindustrial, synth pop, new beat y acid house. Sólo quedaba Mateo, dedicado más a su trabajo en publicidad… hasta que Martín Parra lo busco para tocar en uno de los raves masivos que se organizaron en aquella bodega detrás del Toreo de Cuatro Caminos. Resultó que Década 2 era reconocido en la escena rave de la que se convirtió en protagonista sin proponérselo. También ahí pude verlo en vivo tripeando en ácido, era una sensación del techno trance, el hombre-máquina haciendo mú-si-ca-e-lec-tró-ni-ca.


Al principio de los dosmiles le perdí la pista. Con la irrupción de internet y las redes sociales supe de nuevo de él a través del Capitán Pijama. Ambos era coleccionistas de máquinas musicales que constantemente intercambiaban, Mateo aseguraba tener cientos que a veces exhibía en videos y fotografías explicativas: sintetizadores, cajas de ritmos, teclados, tornamesas, computadoras, efectos y artilugios. Tuvo otros proyectos musicales, como Club Soda (la huella de la publicidad), Dix Dix y Nowbody Was There, pero ninguno como D2. Supe de su participación en Bosque Sonoro, noches de experimentación sonora del Museo de Arte Moderno y la Fundación Jumex de Arte Contemporáneo, y de su espectacular aparición en el Cntrl Fest 2018, donde una nueva generación quedó boquiabierta con Década 2. También soy ferviente lector de sus memorias en mateolafontaine.wordpress.com: Una Tarde/Noche de 1980, con seguridad una de las mejores crónicas del subterráneo ochentero que estaba a punto de convertirse en libro impreso. Ojalá se publique. Recientemente canceló un taller que iba a dar en línea por cuestiones de salud. No se mencionó la causa de su muerte, pero igual nos puso en OFF. Su influencia, ritmos y personalidad camaleónica, dejaron una marca sonora de casi cuatro Décadas.




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