'Heroínas', el aquelarre musical invocado por Marinah

En su disco solista más reciente, la exvocalista y letrista de Ojos de Brujo se planteó crear una colección de canciones electrónicas, de base más urbana, en las que mujeres que admira fueran elevadas a diosas, a superheroínas. Platicamos con ella sobre ese material.


Por Jesús Pacheco (@peach_melba)


Para Heroínas, el disco más reciente de la faceta como solista de Marinah –ex Ojos de Brujo–, llegó el nombre antes que otra cosa. Marinah supo antes que nada, que Heroínas sería el título de su nuevo conjunto de canciones.


“Normalmente tienes muchas canciones, empiezas a elegir tres, cuatro, piensas qué más canciones faltan para hacer un cuadro con todos los colores, con todas las emociones, y luego le pones nombre. Pero en este caso, el concepto lo empecé por el título.”


Marinah tenía ganas, desde hace varios años, de hacer un disco que fuera cien por ciento vocal femenino, en el que “formara un aquelarre”, con muchas voces de mujeres. También tenía ganas de que en él transitara por diferentes géneros musicales, y que estuvieran reunidas varias generaciones y diferentes latitudes geográficas.


“También tenía ganas de hacer un trabajo donde de alguna manera fluyéramos sobre beats electrónicos. Porque a lo largo de mi carrera sí que he jugado muchas veces con la electrónica, pero casi siempre ha estado al servicio de los instrumentos acústicos. Esta es la primera vez que hemos construido el ritmo, y un poco el ambiente, a través de programaciones, sintes, líneas de piano, y luego he metido la guitarra, el cajón y tal. Pero es la primera vez que todo el disco está construido sobre electrónica, sobre una base más urbana.


“También con Heroínas quería montarme una ficción donde pudiera jugar a elevar a diosas, a heroínas, a super women a todas las mujeres que para mí lo son. Empecé a buscar en Google ‘heroínas’ y lo que me salía eran todas las de Marvel, las de Hollywood, y además, curiosamente, eran imágenes compartidas por muchas de ellas. La típica viñeta de cómic en la que comparten un espacio. Empecé un poco a jugar, a darle la vuelta a todo, y me gustó mucho la posibilidad, a través de redes, entrevistas, de poder visibilizar a mujeres de diferentes entornos, públicas o absolutamente invisibles, heroínas cotidianas. Y de alguna manera, jugar a, sin llevar capa, poder volar y poder hacernos ver y hacernos escuchar”.


La idea también le daba mucho juego en lo visual. Incluso le daba la posibilidad de jugar a ser un personaje. Así le vemos en la portada del álbum, convertida en una heroína terrenal, pero con dos alas enormes y en un espacio que podría tener gravedad o no tenerla. Viste un mono, un overol, y sostiene en una de las manos una máscara antigás. Como disponiéndose a la acción, a la protesta, a lo que sea necesario. Y rodeada de geometría sagrada, un elemento importante tanto en la música como en las ilustraciones que está haciendo para cada sencillo del álbum.



“Los pensamientos más puros o más iluminados tienen para mí esa cosa de geometría sagrada. Y al poner el mono de trabajar estoy hablando del pueblo, de la calle. No estoy hablando de superheroínas de Hollywood, sino de gente común, de la gente que levanta cada día este mundo. Y que tiene un superpoder, que es volverse a levantar después de cualquier caída”.


Y otra referencia más personal, de su biografía, está presente como un guiño en el nombre del álbum. Su madre fue heroinómana. La cuenta entre lo que llama “las primeras junkies del Estado español”.


“Ella estaba en un movimiento social y político, y cuando ocurrió aquí la transición a la democracia, mucha gente no estaba de acuerdo con cómo se hizo, y a mucha gente que era la más rebelde, la más revolucionaria, la que tenía realmente ganas de ver un mundo diferente, se la quitaron de en medio con la heroína. La heroína llegó como una droga que nadie conocía, no había ningún tipo de información, y murió muchísima gente. Fueron 10 o 15 años muy letales.


“Entonces yo también soy una superheroína, soy superviviente. Sobreviví a todo eso; yo y un montón de gente a la que conozco. Era un homenaje a todas las superheroínas que no han conseguido sobreponerse, pero que han luchado. También a las superheroínas perdedoras. Ese para mí era un concepto muy importante. Para mí, por ejemplo, Amy Winehouse es también una superheroína. Cayó, pero estuvo. Todo eso es un poco lo que tenía como concepto para este álbum”.



Platícame sobre el arte de la portada. Cuéntame quién lo hizo, y sobre los elementos, los símbolos, que decidieron integrar en él. La geometría, que intuyo sagrada… Las alas… La máscara antigás que pareces ostentar como preparándote para lo peor, o como habiendo cruzado lo peor, tal vez.

Marinah: Yo creé el concepto, y lo trabajé con un amigo, Marcos Medina, con el que hemos hecho la portada, y una ilustración para cada una de las canciones. Ya hemos enseñado en redes los tres primeros singles. Y vamos a seguir enseñándolos. Con la idea de tal vez más adelante poder hacer algún tipo de edición. Lo físico importa. Debe ser por generación, pero es la primera vez que saco un disco solo en digital, y tengo la sensación de que me falta una pata. A mí me encantaría que existiera en disco, no tanto por el concepto de CD como formato para escuchar música, que ya casi no uso… Aunque ahora mismo estoy viviendo en Formentera, que es una isla pequeñita, y todavía subo en coches, y en los coches se escucha en CDs. Y un coche es un lugar muy importante para oír un disco. Todos los discos de Ojos de Brujo, cuando mezclábamos una canción, nos salíamos a escucharla en dos o tres coches, y para mí, era de las escuchas más importantes.


Además, ahora que mencionas el formato físico, justo pensaba en todas esas ediciones increíbles de los discos de Ojos de Brujo, que incluían cuadernillos con la obra de artistas urbanos… Eran una maravilla.

Marinah: Una locura. Mira, yo la verdad desde antes de empezar con Ojos de Brujo, yo ya estaba muy metida en todo lo gráfico. A mí siempre me ha encantado todo lo que es ilustración, ya maquetaba fanzines en centros sociales. Estampábamos serigrafía y hacíamos ropa. A mí todo eso siempre me ha encantado. Y todo lo gráfico, lo visual, lo audiovisual en Ojos de Brujo para mí era casi tan importante como la música. Y siempre ha sido una excusa para meter a algún grafitero que me gusta, para visibilizar ilustradores, fotógrafas… Cualquier arte que, juntándolo a la música, ayuda a redondear el concepto.



Ahora cuéntame sobre las colaboraciones que aparecen en el disco… Las hay con Brisa Fenoy, La Dame Blanche, Flavia Coelho, Rocío Márquez, Nakany Kanté, Sombra Alor, Tribade y Niña Dioz. ¿Por qué con ellas?

Marinah: Yo más o menos marqué un mapa de lo que me gustaría. Y en la zona más urbana, Niña Dioz es una artista a la que sigo hace mucho tiempo, me gusta muchísimo. Me parece una mujer con un flow bien mexicano, y además ella es muy sencilla en la manera de proponer sus rimas. Tiene una sencillez muy popular, una cosa que te llega muy directo. Me gusta también todo el mundo que tiene alrededor, toda la estética que propone. También tiene temas en los que se posiciona en el tema LGTB. En fin, es una artista que me gusta mucho. Y yo soy una fanática de México. He ido mucho por Ojos de Brujo, y es un sitio que me gusta mucho. Tenía que haber alguien de México. Además, está en Nacional Records, que es un sello al que sigo hace muchísimo tiempo, que ha sido un referente de trabajos más alterlatinos, de fusión… Era bonito hacer algo con compañeras del propio sello. Es también el caso de La Dame Blanche. Mi segundo país es Cuba. Mi hijo es medio cubano, tengo muchos amigos allí, medio familia, y musicalmente, además del flamenco, la música cubana, lo afrocubano, el son, la rumba, la timba, es de lo que más me ha gustado. Y desde que he ido a Cuba, hace mucho tiempo, siempre he estado muy pendiente del movimiento de hip hop cubano, porque para mí es clave en todo el movimiento de hip hop latinoamericano. Y ha influido en lo que se hace aquí en el estado español. Ha habido voces espectaculares. Y La Dame Blanche viene de ahí, aunque ha estudiado, toca flauta y viene de una familia musical. Una anécdota curiosa: yo conocí a su padre antes que a ella. Su papá es “Aguaje”, el director de la Orquesta Buena Vista, y yo había ido a colaborar con Omara Portuondo y con la Orquesta Buena Vista, pero yo no sabía que Yaité era hija suya. Después de haber colaborado con ella, me enteré de que era su papá. A mí Yaité me parece una tremenda artista. Creo que es muy fina y muy picante con las letras. Escribe muy bien.



Además pensé mucho en su disco reciente, Ella, al estar escuchando el tuyo. Por el tema de la sororidad, de rendir homenaje a lo femenino. Los sentí como álbumes hermanos.

Marinah: ¡A mí me pasó igual! Cuando lo escuché, pensé: “Madre mía, qué fuerte”, porque son conceptos superparecidos. Es verdad que hay un hilo conductor muy parecido. La Dame Blanche es hermana, vibramos muy parecido. Y me gusta mucho cómo tira las melodías. Lo que admiro mucho de ella es que, por un lado, es muy calle, tiene guapería, y por otro lado, hila muy fino en el texto y en las melodías. Pero siempre son muy auténticas y muy naturales. No imposta la voz. Eso me encanta. A mí me gustan mucho las voces naturales. Cuanto más sencillas y más naturales, me llegan más dentro. Estoy en esa búsqueda y en esa postura. La Dame Blanche me parece una voz muy natural y muy representativa de su pueblo y de su raíz. Eso me encanta. Siguiendo con la música urbana, una mujer que también me gusta mucho es Flavia Coelho, que es brasileña afincada en París. También tiene una voz muy natural. Y me gusta mucho su propuesta de música brasileña sobre cosas reggae. Siempre me ha parecido muy interesante, y muy para todos los públicos. De hecho, cuando salió “Constelación”, el tema que hice con ella, me lo decía un montón de gente. Me decían: “Es que es un tema que te entra superbién, es muy fácil de escuchar”. Creo que ese es uno de los superpoderes que tiene Flavia Coelho. Luego, quería buscar un poco en lo urbano del Estado español. Como ves, busco gente que son referentes, son importantes, pero no son mainstream. Están haciendo carreras más alternativas, más independientes, y teniendo las riendas de su carrera. Entonces, mirando en la música urbana del Estado español, me apetecía mucho juntarme con las generaciones más jóvenes. Yo escucho un montón de música urbana, y me apetecía mucho juntarme por un lado, con Brisa Fenoy, que también es una gran heroína. Tiene una personalidad muy potente; tiene muy claro lo que hace y por qué lo hace, y tiene un pie en todo lo que es moda, es modelo también, y ella siempre explica que de ahí es de donde saca dinero para pagarse sus discos. Además, ella se produce los discos, hace bolos ella sola, disparándose las bases y con su piano. Tiene una conciencia muy clara de lo que quiere y de quién es. El tema que canta conmigo, “Oro Viejo”, me parece una de las canciones más maravillosas del disco. La idea era hacer una balada trap, donde pudiera mezclar mi onda flamenca con un poquito de free jazz. Cuando nos oyes cantar, se nota claramente que ella es de una generación más joven, de ahora, que se canta de otra manera. Es una barbaridad, porque entra muy natural, de manera muy estética. Estamos viendo ahí muchas cosas. El trozo donde yo rapeo es muy old school; la forma de hacer la métrica, lo hice adrede. Y a pesar de que es un beat en onda trap, de arriba abajo mandan dos instrumentos acústicos en los que no hay edit, guitarra flamenca y trompeta cubana jazzera del Carlitos [Sarduy] tocando libres. Al final es como una especie de balada, muy intimista. Ha quedado como muy profunda.




Debo confesar que "Oro Viejo" es mi track favorito del disco.

Marinah: Pues yo estoy igual que tú. Ahora mismo, porque va cambiando. Hay otras canciones que me encantan, por ejemplo, la cumbia con Emiliano, El hijo de la cumbia, que me encanta, es superfiestera; me la pongo pa’ limpiar por casa y me sube el espíritu. Pero “Oro Viejo” es más profunda, y llega más hondo. Luego está “Vuelo”, que fue el primer single, una canción tal vez más continuista, donde se me reconoce más en el sentido de lo que podría ser una baladita por rumba, una canción más tranquila, más aflamencada, tanto por mí como por la voz de Rocío Márquez, una de las colaboradoras, una supercantante de flamenco, que para mí es fundamental. Para mí, ella es muy flamenca, en el sentido de que es muy abierta, muy vanguardista, muy atrevida, muy revolucionaria. Hace mucho tiempo tenía muchas ganas de hacer algo con ella. Y nos acompaña Nakany Kanté, que es de Guinea Conakry, pop mandinga; ella está afincada en Barcelona. Ya habíamos colaborado varias veces. La quiero muchísimo. Me parece una artista con tremendo swing. Y en el escenario es una bestia parda. Mete pop mandinga, afro-beat. Es superdivertido un concierto de ella. Estamos con una base brasileña, pero con una armonía y una guitarra que va por rumba flamenca, con tres voces: Rocío Márquez, que es más flamenca; yo, que estoy fusionando entre la rumba flamenca y lo latino –Cuba, un poco más Caribe...–, y luego Nakany que de repente entra con su Guinea Conakry. Y todo entra sin ningún problema. Para mí, este era uno de mis objetivos. Todas podemos fluir y convivir desde la diferencia y disfrutando y buscando el placer en lo común, y aprendiendo de las diferencias. Para mí, ese es un mensaje al mundo, porque es lo que creo que tendría que ser.



Aquí me detengo tantito para mencionar que ese me parece uno de tus superpoderes, el poder transitar con fluidez entre géneros, incluso en una misma canción. En alguno de los temas pasamos, casi imperceptiblemente, de cumbia a reguetón. Y sin perder el impulso y la cadencia.

Marinah: Claro, eso tiene que ver con lo que hablábamos antes. Igual que la naturalidad en los timbres de voz, que me encanta, también me gusta la naturalidad a la hora de hacer un tema. Muchas veces, cuando compongo, me baja la letra con melodía. Y yo intento respetarlo siempre. Podría ponerme con el piano, la guitarra, y complicarlo. Me gustan los arreglitos, porque me viene de mi vena flamenca, y nos encantan los tropezones y los arreglos. Pero en la cuestión de la canción, me gusta esa naturalidad. A veces las escucho y no sé si me he quedado corta. Pero si me ha bajado así, tengo que ser sincera. Yo eso siempre intento mantenerlo. Entonces, me suba a donde me suba, intento ser natural. Habrá gente a la que le guste y gente a la que no, pero es lo que yo soy.



Cuéntame de la colaboración que nos falta, con Sombra Alor, de Tribade.

Marinah: Pues estas muchachas muy jovencitas. Aunque llevaban un rato haciendo cosas, de alguna manera la petaron hace año y medio. Yo las conocía de Barcelona. En el momento en que grabamos este disco, estaban juntas las tres, Bittah, Masiva Lulla y Sombra Alor. Las tres son Tribade. Y después de haber grabado el tema, “Caiga la noche”, unos cinco meses después, Sombra Alor se salió del grupo y empezó a hacer cosas en solitario y en otro grupo de chicas de cosas más acústicas que se llama Ketekalles. Para mí, son mis hermanas de vida. Pienso que si tuviera unos cuantos años menos y estuviera en Barcelona, estaría cantando con Tribade. Me inspiran mucho. Me gusta su actitud, me gusta su mensaje… Me gusta todo de ellas.


Leí una entrevista reciente contigo en la que decías que picabas de todo y relacionabas una cosa con la otra, pero que la especialización no era lo tuyo. Que lo que a ti te gusta es crear belleza. Me pareció una manera contundente e irrefutable de hablar de tu espíritu, voraz y libre, y de hablar de lo que haces con la música. ¿De dónde te viene ese impulso y esa certeza?

Marinah: Pues como tú has dicho, creo que viene de mi espíritu, de mi alma, de mi ser más profundo. En la vida material, en la Tierra, en lo que se puede palpar, a veces es mi virtud y a veces es mi defecto. Pero eso que has dicho, que has comentado, es como yo me siento. Ir contra eso sería ir contra mi propia naturaleza. Hay cosas en la que tengo que mejorar, en las que tengo que evolucionar, pero hay como una columna vertebral a nivel espíritu, a nivel esencia, que reconoces desde pequeña. Yo esto lo tengo asumido desde pequeña. Yo soy rápida, pillo las cosas muy rápido, enseguida llego. Pero una vez que he entendido algo, no me gusta quedarme, profundizar muchísimo y pasarme 15 años. Desde pequeña he tenido la sensación de que la vida es corta y que en una vida no me daba tiempo de hacer tantas cosas como quería. Y que si me quedaba en una, me perdía muchas que también eran importantes. Es un poco esa la sensación interna que tengo. Me pasa con todo. Incluso cuando he estado más en la música, he tenido la sensación de que no estaba dibujando. Yo también quería estudiar para hacer cine. Me gustaría hacer poemas visuales. Hay muchas cosas que me llaman. Me encantaría tener un alambique y hacer aceites esenciales, esencias de plantas. Esa es otra cosa que sé que llegará. Porque sé que me haría muy feliz. Siempre lo he sentido y lo he pensado. Me gustan muchas cosas.