¿Cómo recordar a Michael Jackson?

El aniversario del nacimiento del Rey del Pop llega marcado por las denuncias de abusos sexuales del documental Leaving Neverland.


Por Leonardo Tarifeño (@leotarif)


Este 29 de agosto no representa un aniversario más del nacimiento de Michael Jackson. Es el primero que se cumple en medio de la guerra de videos y demandas judiciales surgidas tras el estreno de Leaving Neverland (HBO, 2019), el escalofriante documental de Dan Reed que detalla los presuntos abusos sexuales de Jackson a niños de entre 7 y 12 años. Y por ser el primero bajo esas circunstancias, impone la pregunta: ¿cómo hay que recordar al artista que marcó la historia del pop?



Basado en los crudos testimonios de Wade Robson (coreógrafo de Britney Spears y NSync) y James Safechuck (el niño del recordado anuncio de Pepsi de 1987), Leaving Neverland mete al espectador en la recámara del creador de Thriller y en las cabezas de Robson y Safechuck, quienes hablan de sus respectivas infancias entre lágrimas, asombro y dolor. “Michael era una de las personas más atentas, amables y afectuosas que conocía —dice Robson—. Y abusó sexualmente de mí durante 7 años”. De la mano de la compleja ambigüedad que sobrevuela sus acusaciones, la película ofrece más confesiones de sexo explícito que pruebas contundentes (muy difíciles de proporcionar a 30 años de los supuestos hechos) y, tal vez por eso mismo, ha desatado un vendaval de respuestas, incluidos un par de furiosos documentales (Neverland firsthand, Lies of Leaving Neverland) y una demanda por 100 millones de dólares de los herederos de Jackson contra HBO. Leaving Neverland no ha pasado desapercibido y la memoria del Rey del Pop debe lidiar con él, lo que obliga a sus fans y a la historia cultural del siglo XX a reexaminar la huella de uno de sus ídolos.


James Safechuck y Wade Robson


En tanto documental de true crime, Leaving Neverland se apoya en la construcción de una figura monstruosa (Jackson) que transgrede las normas y los valores de una sociedad, en definitiva la principal regla del género. Sin embargo, la potencia de la película resulta especialmente incómoda porque va más allá de MJ y le apunta a la cultura de la celebridad, un espejismo social capaz de hundir en la peor de las soledades a sus héroes, cegar a los padres de niños de 10 años enrolados en giras mundiales (Robson) y generar todo tipo de desequilibrios psicológicos. Tal vez el verdadero impacto de Leaving Neverland no radique tanto en la fuerza legal de sus denuncias como en el angustiante retrato que hace de una época herida por la necesidad de ídolos, indiferente al aislamiento de aquellos a los que consagra e hipócrita a la hora de aceptar la impunidad que les concede. Si es verdad que la pregunta sobre cómo recordar hoy a Michael Jackson tiene varias respuestas posibles, también es cierto que todas deberían incluir el rol de la sociedad en las creación de un estrellato inhumano, de consecuencias brutales para todo lo que lo rodea. Sin esa pieza decisiva, el puzzle está incompleto. Aunque, como sugiere Leaving Neverland, la tragedia del estrellato quizás consista en que su rompecabezas nunca se termina de armar.




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