La disco doméstica.

Por: Bernardo Esquinca


Foto: MK

Parecería que no, pero este largo confinamiento en el que aún estamos inmersos ha tenido momentos interesantes. Me refiero al pantanoso territorio de las redes sociales y, en particular, al de Instagram, ese criadero del ego y la vanidad desmedidos. En medio de la epidemia de selfies de la que todos somos responsables, de los tragones que presumen los cortes de carne que se comen –obviando, quizá con malicia, que la siguiente pandemia se está incubando gracias a eso–, de las rutinas de ejercicios que los devotos del fitness publican con religiosidad, como si en verdad su cuerpo fuera un templo; en fin, de ese cúmulo de acciones centradas en el yoísmo tan inherente a nuestra época, han surgido algunas iniciativas que, a contracorriente, lo que proponen es darle algo creativo a los demás para volver un poco menos miserable el encierro.




En el ámbito de la música, uno de los pioneros fue Jarvis Cocker, el frontman de la desaparecida banda Pulp. Durante varios sábados llevó a cabo lo que denominó Domestic Disco: a las nueve de la noche –hora de la Gran Bretaña– pinchaba música desde la sala de su casa, transmitiendo vía Instagram Live. Cocker, quien además de gran letrista es un consumado DJ, hacía las delicias del público poniendo rolas de su amplísimo catálogo, que iban desde clásicos como David Bowie o los Talking Heads, pasando por la música disco, la electrónica, y los remixes hasta tracks inconseguibles de la reserva del patrón. Lo que ocurría durante las dos horas que duraba su transmisión era una catarsis reflejada en los comentarios de los usuarios, quienes compartían lo que se estaban bebiendo, solicitaban canciones o de plano se ponían a platicar entre ellos como si en verdad estuvieran en un antro escuchando a su estrella de rock favorita. La audiencia rozaba en promedio las 2 mil personas, lo que equivale al público de un concierto en una sala modesta. Aunque al principio de sus emisiones Cocker no hablaba y se limitaba poner música, poco a poco se fue soltando, haciendo comentarios, cantando y hasta mandado saludos a la gente (para mi sorpresa y regocijo pronunció una vez con su voz engolada: “Bernardooou Escuuuinka”).




Como era lógico, Cocker se cansó de hacer su show, y la Domestic Disco terminó después de algunas semanas, dejando huérfana a una multitud que se había acostumbrado a que los sábados pasaba algo diferente en su enclaustramiento. Sin embargo, otros han tomado la estafeta. Por ejemplo, en México, los ex locutores de Reactor 105, Rulo y Julio Martínez Ríos también han hecho lives en los que pinchan. En el caso de Martínez Ríos, además leyó literatura y hasta bailó, en un performance que le hizo recordar a la audiencia las mejores épocas de la mencionada radiodifusora.


Los live de Instagram funcionan porque el público no sólo ve un show como si fuera la tele: participa de él, se siente integrada a la intimidad del oficiante. Un fenómeno de esta pandemia que, al parecer, seguirá ocurriendo cuando el semáforo cambie a verde. ¿Qué otras cosas hay en el horizonte para la industria musical en estos tiempos de incertidumbre? Por lo pronto, la islandesa Björk anunció que la serie de conciertos que dará en Reikiavik en agosto próximo también podrán verse en todo el mundo mediante un enlace. Siempre y cuando los interesados paguen las 15 libras del boleto virtual.


No todos son altruistas como Jarvis.




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