Juana Molina: “Yo solo obedezco órdenes del sonido”

A un año exacto de su presentación en NRMAL, el último festival antes del confinamiento para muchxs de nosotrxs, platicamos con Juana Molina sobre ANRMAL, su primer álbum en vivo, el registro de un recital energético, vital, muy ella pero que se volvió nuestro


Por Jesús Pacheco (@peach_melba)


ANRMAL, el primer álbum en vivo de Juana Molina hasta la fecha, se convirtió desde octubre pasado, el momento de su publicación, en un documento especial: es el recuerdo de NRMAL, nuestro último festival prepandemia, la despedida de una manera de disfrutar la música en vivo, al menos como lo habíamos hecho hasta ese momento. Darle play es una manera de trasladarnos en el tiempo a los días previos al confinamiento, pero también a un momento vital, energético, ¡luminoso! gracias a la música de Juana Molina y a su manera de ejecutarla esa noche.

¿Pero qué es ANRMAL para ella? Era lo primero que quería saber. Me contó que la hizo muy feliz que se dieran las cosas como se dieron aquel sábado 7 de marzo. Encontró gente amorosa por donde se paró. “Nos llevamos bien con todos”, dice. “Si había que cambiar cosas, se cambiaban; nadie puso trabas ni mala disposición”. Así se desarrolló toda la tarde.

Mientras llegaba su turno en el escenario acompañada de Odín Schwartz (teclados, bajo, guitarra y voces) y Pablo González (batería), estuvo charlando backstage. La noche anterior hizo mucho frío. La Ciudad de México estuvo por debajo de los 10 ºC. Y el sábado, Juana temía que la temperatura bajara de la misma manera mientras estuviera tocando.



“Yo me había ido con una ropita que no me la podía poner en el escenario, porque me iba a transformar en una estatua. Puse en Instagram: “Tengo miedo esta noche de tener frío”, y se comunicó conmigo un fan. ‘Hola, soy David, si quieres te llevo ropa; tengo ropa de mi novia que te puede gustar o que te puede quedar bien. Te la llevo para que no tengas frío’. Me pareció todo lindísimo. No hizo tanto frío, entonces no necesité que me prestaran ropa”.

“Todo transcurrió de maravilla. La gente, los otros músicos que tocaban. Pasó algo ese día. Los organizadores del festival... Después salimos y salió todo increíble; el público, increíble. No sé, cosas mágicas que a veces pasan. Estoy muy feliz de que haya un registro de esa noche”.

Juana Molina tenía sobre los hombros cerrar el festival. Al cancelar Flying Lotus, Juana se convirtió en la cabeza del cartel. “Por suerte pudimos –creo–, cumplir con las expectativas y que todos quedáramos contentos”. A nadie de quienes atestiguamos su presentación de esa noche nos queda duda de que fue especial. Llena de magia y de conexión. Mucho de ello se vuelve a activar escuchando ANRMAL.



Abriste y cerraste aquella noche con “Un día”, que además tiene una frase que resuena: “Un día voy a ser otra distinta, voy hacer cosas que no hice jamás”. A 10 meses de aquel concierto, ¿qué te has permitido ser y qué cosas te has permitido hacer en este tiempo de encierro y de recapitulación que no habías sido y hecho antes?

Juana Molina: Bueno, pasó algo que creo que es compartido con la mayoría de los seres de este planeta. Hubo mucha introspección y también muchos momentos de profunda y verdadera paz, en los que al no haber ningún ruido, al estar el planeta como detenido, fue como si se hubiese desprendido y roto a pedazos lo superfluo, desde lo más trivial que puede ser el consumo. Es increíble cómo cayó. Eso a mí me da mucha alegría. También pasó con gente. Se redujo el grupo de amistades. Quedó lo más valioso. No sé si es algo que yo me hubiese propuesto jamás, como dice la canción. Lo que sí sé es que ahora, si mañana me dicen: “El fin de semana hay un show, tienes esta semana para ensayar, encontrarte con los chicos, preparar todo para retomar”, yo creo que no lo podría hacer.


¿Por qué?

JM: Porque estoy en otro estado. Creo que haría algo mucho más hacia adentro, íntimo, algo aún más oscuro, pero que de esa oscuridad salga algo. Es lo que vislumbro, hacia donde voy, un lugar parecido a algunos pasajes de los discos que hice, donde está esa abstracción.


¿Digamos que más mental?

JM: En definitiva es lo que a mí me conmueve de la música, cuando es recontra abstracta. Es una contradicción lo de mental, porque el resultado para el que lo escucha después es algo muy mental, pero justamente lo que desaparece es la mente... Habría que definir “mental”, porque cuando entro en esos estados de ánimo y estoy grabando o componiendo, siento justamente que la mente desaparece; desaparece el pensamiento, no hay ideas, hay solo hacer y sentir y comunicarte, medio amalgamar con lo que está pasando. Es un momento de zen absoluto, es vivir en ese lugar. Y siento que la música o los instrumentos me van diciendo qué tengo que hacer con ellos. Siento que yo solo obedezco órdenes del sonido, que me dice: “Conmigo tienes que hacer esto: subir y bajar, subir y bajar, y al final hacer un rulito”.



Un poco como ese deseo que también plasmas en “Un día”, cuando dices que vas a cantar canciones sin letra y que cada uno podrá imaginar.

JM: Sí, igual esa idea que me encanta y la llevo casi hasta el final, se me rompe en algún momento cuando veo que hay ciertas melodías que te piden a gritos una letra. Hay cosas que yo puedo cantar sin letra, pero otras que no, que cuando las canto parece que no se entiende lo que digo. Canto cualquier cosa. Justamente me olvido de las letras cuando entro en ese estado en el que me gusta estar cuando grabo, que es cuando desaparece todo y lo único que hay es música. Cuando pasa eso, me olvido de la letra instantáneamente, no la recuerdo más. No es que se me olvide una palabra; de golpe, se me borra la letra y no puedo. Es otro registro, otro estado de ánimo. Tengo esa contradicción en donde si yo me regocijo más en los momentos de abstracción total donde no hay letra, después necesito una letra para poder agarrarme de algo cuando tengo que repetir esa canción muchas veces.


Ahorita que te menciono justo ese par de frases de la canción, debo confesarte que me hizo pensar en una experiencia que tuve oportunidad de vivir en una ceremonia de Ayahuasca, donde los ícaros, esos cantos que se improvisan durante la ceremonia, no tienen letra, pero de pronto alcanzas a escuchar un mensaje que te hace sentido… Me impresionó mucho, son cantos sin letra, tarareos y cosas así, donde cada uno escucha lo que necesita escuchar.


JM: Tal cual. Yo estuve también. Antes de la pandemia yo iba, ponle una vez por mes, a improvisar con un grupo de amigos. Cuando voy, canto, y por supuesto que no hay letra y canto muchísimo, sin parar, y no me hace falta la letra en ese momento. Siento que hay algo que se transmite y es mucho más elevado para mí que una letra, es el lenguaje de la música lo que estás transmitiendo. Estás transmitiendo en música. ¿Vos en qué cantas? Canto en música.



ANRMAL (Crammed Discs) es hoy una manera de revivir un concierto mentalmente. ¿Será que ahora vamos a tener que adaptarnos a los conciertos que sucedan en nuestras cabezas? ¿Es algo que te preocupe o que haya estado en tus reflexiones el asunto de cómo será la música en vivo post-pandemia?

JM: Bueno, ¿qué va a pasar? Nadie lo sabe. A mí lo que me gusta de tocar en vivo es cuando hay un montón de gente que llena el lugar, aunque sea un lugar para 10 personas. Si es para 10 personas, que estén las 10 personas. Porque ese lugar lleno, no importa la capacidad, transforma lo que se transmite, transforma el show. Cuando vas a un lugar donde se percibe que hay poca gente, esas ausencias se hacen sentir. Después te acomodas. No es que yo siempre toque en lugares llenos. Me pasó que cuando hacía giras en Estados Unidos, de 30 shows en un mes, 20 eran en cualquier lado, sobre todo cuando empecé, y a veces había poquísima gente,15 o 20 personas, y era muy difícil acostumbrarse a todo ese espacio vacío. Pero también pasa que una vez que empieza y nos acostumbramos a estar quienes estamos presentes también se arma una cosa única. Cada noche tiene su personalidad. A mí lo que no me gusta son los streamings, sobre todo por el formato, se está intentando hacer un falso vivo, y un falso vivo es un muerto. Hice un streaming un día que se suspendió mi show, pero yo tenía una excusa muy clara para hacerlo: estábamos todos con la escenografía, las luces, todos nos quedamos con las cosas colgando en la mano, mirándonos las caras y diciendo: “Y ahora qué hacemos”. Y dijimos: “Hagámoslo para verlo desde casa, lo hacemos igual”. Veníamos con energía, estábamos recién vueltos de México, veníamos con la energía de ese show. Entonces lo hicimos. Pero me parece medio absurdo. Creo que el error es tratar de emular un show en vivo. Eso me parece que no va, no es en vivo, no está la gente del otro lado. No todos están oyendo lo mismo, unos lo oyen por el teléfono, otros con la computadora, otro con un megasistema, con unos parlantes, con su buffer y todo. Me parece que se dispersa un poco todo. Está esa pantalla de por medio que todo lo enfría. Entonces, me parece que si este es el nuevo modus operandi, hay que encontrar la forma de hacerlo. Hay que hacer otra cosa, que no intente ser lo mismo.


Esa noche abriste y cerraste con “Un día”, en dos versiones distintas. Un gesto que me parece pone en evidencia mucho de tu visión más reciente sobre la manera de enfrentarte a los “en vivo”. ¿Por qué te interesa que las versiones en vivo tengan una vida y una vibra distinta a las que tienen en los álbumes?

JM: Bueno, cuando empecé a tocar en vivo tenía la sensación y la certeza de que el disco tenía que sonar igual; se suponía que tenía que ser así. Pero a medida que fueron pasando los años y los conciertos, me di cuenta de que no. El disco ya está, vas y lo pones en tu casa. En mí, las canciones evolucionan. A mí me daba un poco de rabia cuando iba a ver a alguien que me gusta mucho y tocaba un tema completamente diferente. Pero ahora no me pasa más. Me pasa que si espero una canción, muchas veces es mejor la versión en vivo. Porque las canciones, cuando llegan al disco —en mi caso, no sé los demás—, llegan recién nacidas, y van creciendo y mutando naturalmente. A veces, porque es imposible resolver toda una canción con tres músicos nada más. A veces se necesitarían más, y yo no me puedo permitir viajar con más personas; sería muy caro. Me gusta tener que adaptar, resolver toda una canción con tres músicos. Me interesa más adaptar que tratar de hacerlo igual, pero sé que eso a algunas personas puede no gustarle. Muchas esperan escuchar lo que ya tienen en la cabeza. Aunque creo que si conservas lo esencial de la canción, el sonido y la melodía, todo lo demás puede cambiar.