Joy Division: Como Martin Hannett construyó Manchester con sonidos.

Por: Rojo Vega

@rojo.vega


Toma abierta, un hombre alto y despeinado se encuentra con micrófono en mano derecha y grabadora colgada de su hombro, el viento le mueve el cabello crecido, tose y se le muestra concentrado. Le interrumpe el grito de otro hombre a lo lejos. Martin Hannett grababa el silencio, Tony Wilson interrumpe la acción y así es como la lente de Michael Winterbottom en su “24 Hour Party People” del 2002, nos muestra como se gestó uno de los momentos mas importantes de la música británica y mundial. Que define e introduce en la historia al responsable, en buena parte, del sonido Manchester. Un sonido que abrió los ojos al mundo en un momento en que Liverpool, Londres y Nueva York comenzaban a bostezar.


Sobre Ian Curtis, cantante de Joy Division se ha dicho mucho: desde su fuerza escénica y su baile particular aderezado de enfermedad, sus letras e imágenes cargadas de obscuridad y emoción, el sonido de la banda que golpeaba como una bofetada densa dejando en los oídos rastros que Siouxie and the Banshees, Iggy Pop y The Doors sembraron apenas años atrás, hasta su trágica muerte y naciente grado de figura de culto. Documentales, biografías, covers. El lugar de Curtis no esta en discusión.


Foto: Getty


Pero Joy Division no seria la banda de culto que define y dirige el post punk de no ser por Martin Hannett, el “verdadero genio de esta historia” como lo definió Wilson en el largometraje de Winterbottom. El llamado “Zero” produjo los dos discos de la banda de manera magistral, con exploraciones sonoras dignas de un científico (algo no tan alejado de la realidad, estudió Química en la Universidad de Manchester). Con peticiones fuera de lo común como tocar “faster but slower”, el rearmado de una batería en un espacio diferente al estudio, el uso de teléfonos para grabar a distancia o la documentación del sonido del interior de un elevador como lo menciona Jon Savage, periodista de rock que atestiguó los años de vida de Joy Division.


Foto: BBC


Hannett fue construyendo un sonido a partir de la dinámica que la banda tenia desde que eran Warsaw, donde Ian jugaba de centro delantero, rematando todos los destellos creativos de Sumner, Hook y Morris. Diseñó ambientes sonoros profundos, rasgueos agudos y distorsionados como maquinas cortando acero, colocó ritmos percutivos que no solo marcaban el tiempo sino que sonaban como botas pesadas en una marcha laboral. Las letras acoplaban perfecto en esta escenografía y embonaban como engranes en las calles de Manchester, una ciudad que era justo así: obscura, tensa, obrera. Con contrastes y en búsqueda de innovación. Una ciudad que le gritó “Judas” a Bob Dylan y recibió con 42 personas a los Sex Pistols en el Free Trade Hall.


Hannett dejó un camino que después repavimentaron e iluminaron los Happy Mondays, Stone Roses y posteriormente destrozó Oasis. Le dio valor sonoro a una ciudad en un momento en que la música popular dejaba de ser ingenua y comenzaba a ser mas mordaz; maduraba, como en el proceso de crecimiento humano. El soundtrack de la adolescencia. La evidencia esta en los salones de escuelas secundarias a nivel mundial, donde se sigue descubriendo lo profundo del Unknown Pleasures y seguimos viendo camisetas con el diseño de Saville.

Foto: NBC

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