Historia del Techno de Detroit: pulso vital de una ciudad en decadencia.

Por: Miguel Ángel Arellano Robledo.


En el 2013 la ciudad de Detroit, cuna de la industria automotriz contemporánea, antes la capital manufacturera de Michigan y joya entre las sofisticadas megalópolis del norte de los Estados Unidos de América, se convirtió en otra pionera, una poco usual y, al mismo tiempo, largamente prevista: la primera metrópoli norteamericana que intentó declararse formalmente en bancarrota. Con una red de infraestructura urbana insuficiente para sus 360 kilómetros de extensión, una curva poblacional en declive desde hace setenta años (Detroit, Michigan Population 2020 (Demographics, Maps, Graphs), n.d.) y, de acuerdo con la información más reciente del Buró de Censo de los E.U.A., alrededor del 36 % de sus habitantes viviendo en condiciones de pobreza, para cualquiera resultará sencillo percibir el estado general de decadencia en el que, desde hace más de medio siglo, se encuentra sumida la otrora industriosa ciudad.

Detroit ha cimentado en el imaginario colectivo de Norteamérica la terrible visión de un delirio futurista convertido en distópico presente sin fin; una de las primeras ciudades pos – industriales, donde ha sido sepultado el anhelado sueño americano. Pero acaso es ahí, en las constantes crisis de las tendencias generales y los discursos grandilocuentes con las que suele asociarse a la enigmática ciudad, donde yace la genialidad del arte de y sobre Detroit. Puede argumentarse que desde 1932 la ciudad abrió sus puertas al arte de contenido social, crítico, incisivo, que se convertiría en el conducto idóneo para plasmar un escepticismo crónico de cara a la modernidad, el progreso, la industria, el bienestar social y demás promesas vacías de aquel sueño idílico. Fue con los Murales de la Industria de Detroit de Diego Rivera, plasmados en las paredes de su Instituto de las Artes, que inició, con estrepitosa polémica (Anreus et al., 2012, pp. 217–218), la denuncia de la deshumanización y alienación esenciales en los espacios de trabajo modernos, provocadas por la monotonía y la repetición sin fin: el ser humano devenido máquina para hacer máquinas. Con ello, también se dio rienda suelta al arte como delator sagaz de las facetas más profundas de la pesadilla: la literatura ha explorado, a través de obras como los Cuentos de Detroit del poeta Jim Daniels, Suicidios Vírgenes del novelista Jeffrey Eugenides, entre muchas otras, aspectos como la ambivalencia, el sinsentido y la violencia de la vida en Detroit; desde el cine filmes como Robocop (1987), a través de la sátira, el carácter subversivo y la complejidad temática que son típicas de las mejores obras de Verhoeven, han proyectado imágenes del “futuro no muy distante” de una ciudad consumida por los excesos de un capitalismo salvaje; la codicia corporativa, el terror social, la delincuencia, llegando al punto de poner en entredicho las nociones más fundamentales de libertad e individualidad.

Por supuesto, la música no quedó rezagada en el impulso del arte de la subversión. De hecho, sus artistas y su historia capturan mejor que muchos otros medios de expresión el verdadero alcance de la estética de la resistencia que parece identificar al arte de Detroit. La ciudad tiene la indiscutible distinción de ser el lugar de origen, en 1959, de una de las primeras plataformas para artistas afroamericanos y su música: la disquera Motown, la “voz de Detroit”, íntimamente vinculada con los movimientos contraculturales de los 60, especialmente el de los derechos civiles de la sociedad afroamericana en Estados Unidos (Albiez, 2005, p. 134), y un importante antecedente de iniciativas posteriores como el Techno de Detroit. Es sobre este complejo y dinámico género, gestado a lo largo de la primera mitad de la década de los 80 y vivo hasta nuestros días, que enfocaremos esta breve reseña de la historia de la música electrónica. La razón es sencilla. Al tomar las aportaciones de la escena musical europea de aquél entonces (con referentes como Kraftwerk, Giorgio Moroder, New Order, Depeche Mode, entre muchos otros); fusionándolas con los experimentos del propio ámbito norteamericano (el House de Chicago, el electro – pop, entre otros) (“The Face,” 2010, p. 86), junto con algunos elementos de la cultura popular afroamericana, el Techno de Detroit nos muestra con nitidez la versatilidad, la búsqueda de lo poco convencional, la innovación, el desprecio de lo simplón y la aberración por la industria musical mecanizada, sistemática y estandarizada, que caracterizan a los artistas más geniales de la música electrónica hasta la actualidad. Así, el Techno de Detroit es una pieza clave en la historia de la cultura musical underground, cuyas originales propuestas son el hálito, una de las últimas señales de vida que restan, de la ciudad que lo vio nacer.


Los orígenes sociales del Trío de Belleville.


Juan Atkins, Derrick May y Kevin Saunderson, el “Trío de Belleville”, eran miembros de un estrato notablemente atípico dentro de la sociedad de Detroit en los primeros años de la década de los 80. Se trataba de hijos de obreros de la industria manufacturera, primordialmente la automovilística (Albiez, 2005, p. 135), la cuál había sido el núcleo económico y, en gran medida, social de la ciudad desde el dramático incremento en la demanda de producción industrial durante la Segunda Guerra Mundial, es decir, aproximadamente desde 1940. La industria automovilística mostró su creciente importancia para el desarrollo urbano de los E.U.A tan pronto como la década de 1920 (Brinkley, 2011, p. 657), pero al mismo tiempo era particularmente inestable y, además, propensa a agudos declives durante periodos de crisis económicas. Detroit, un centro urbano donde la gran mayoría de la población empleada se concentraba en torno a esta industria, dependía completamente de su éxito o fracaso. Por tanto, desde finales de la década de los 60 , cuando inició una nueva y sostenida crisis de las empresas automovilísticas, la actividad productiva decayó con costos sociales catastróficos: desempleo, violencia, más del cuarenta por ciento de su población en condiciones de extrema pobreza (McDonald, 2014, p. 15) y reacomodos constantes de los empleados restantes, muchos de los cuales optaron por la gentrificación de los espacios suburbanos, llevándose consigo las fábricas y la actividad productiva fuera de la zona metropolitana de Detroit (McDonald, 2014, p. 12).

En ese contexto, las clases que lograron mantener sus empleos ya eran, de por sí, un círculo reducido. Ahora bien, entre esta “clase media” el Trío de Belleville era aún más atípico por ser descendientes de lo que Juan Atkins ha llamado una “fuerza de trabajo de cuello blanco” racialmente integrada (The Belleville Three, n.d.); es decir, hijos de familias afroamericanas viviendo en el suburbio de Belleville, a la sazón, mayoritariamente de población blanca y hogar de los empleados acomodados que habían logrado mantener sus trabajos en los remanentes de las industrias manufactureras. La relativa solvencia económica de sus familias fue un factor que les permitió asistir a la Belleville High School (“The Face,” 2010, p. 86), con lo que adquirieron un nivel de estudios que generalmente era inaccesible para los estratos más golpeados por las crisis, por no mencionar a la sociedad afroamericana que habitaba en la zona interior de Detroit. Al mismo tiempo, ello les facilitó costearse los elevados precios de los novedosos instrumentos con los que darían forma a su visión de la música electrónica: cajas de ritmos, que en aquél entonces se valuaban entre 1000 y 2500 dólares, y sintetizadores, que costaban desde 300 hasta 4000 dólares (4 Feb 1990, Page 166 - Detroit Free Press at Newspapers.Com, n.d., col. 2), en una década en la que la media real de ingresos por familia se estima entre 20, 000 y 25, 000 dólares anuales (Bureau, n.d.).


La música electrónica underground y el discurso original del Techno de Detroit.


El contexto económico y social en el que Atkins, May y Saunderson iniciaron sus carreras musicales fue relativamente favorable, cuando menos si se le compara con el periodo de crisis urbana que se extendió desde 1968 hasta 1990. Datos estadísticos recientes basados en información de la época (McDonald, 2014, p. 19) han mostrado que entre todas las actividades económicas de Detroit (las manufactureras y las de servicios incluidas), las que estaban relacionadas con el esparcimiento (clubes nocturnos, conciertos, etc.) fueron las más resistentes a las constantes crisis que caracterizaron aquél periodo de treinta y dos años. Aun así, de acuerdo con las memorias de Kevin Saunderson y Juan Atkins, en un inicio los principales espacios donde se escuchaba el Techno de Detroit eran pequeñas discotecas (las únicas que en aquél entonces les permitían subir al escenario), bares, fiestas que solamente eran concurridas por los más adeptos en las nuevas propuestas de la música electrónica experimental y, en muy raras ocasiones, uno que otro club nocturno en días de poca afluencia. La difusión del Techno, así como de la información sobre los espacios en los que era escuchado, se basaba casi completamente en la transmisión de voz en voz entre los fanáticos del género (5 May 1989, Page 38 - Detroit Free Press at Newspapers.Com, n.d., p. 2) y, evidentemente, en la misma experiencia de socialización dentro de esos espacios.

En esta primera etapa, ser un fanático y artista del Techno de Detroit implicaba, propiamente, una experiencia de contracorriente: oculta de los géneros más populares; de las normas y conductas usuales de la sociedad en el exterior y, así mismo, separada de los espacios de consumo abiertamente públicos o institucionalizados. En este periodo de su historia, el Techno se revistió con las imágenes que suelen llegar a nuestra mente cuando pensamos en una cultura musical underground (en no menor medida gracias a la iniciativa de los mismos artistas). El uso de drogas recreativas, los raves, fiestas secretas en los edificios vacantes del desolado paisaje urbano pos – industrial de Detroit (23 Dec 1988, Page 29 - Detroit Free Press at Newspapers.Com, n.d.); espacios al margen de la legalidad donde, como afirmaría posteriormente la prensa del entretenimiento, era mucho más factible la posibilidad de que interviniera la policía, al igual que otros ordenes encargados de aplacar la propagación de tales eventos y conductas tabú (31 Mar 2000, 47 - Detroit Free Press at Newspapers.Com, n.d., p. 2).


En cualquier caso, el verdadero significado y experiencia de lo underground para los artistas y fanáticos del Techno de Detroit iba más allá de los espacios poco concurridos y los raves; detrás de él había toda una filosofía respecto al lugar de la música en las sociedades de finales del siglo XX y, tal vez más importante aún, inicios del nuevo milenio. Inspirados por las ideas de Alvin Toffler (primordialmente sus célebres obras Culture Shock y The Third Wave) sobre las tres “oleadas” en el desarrollo de las civilizaciones humanas, el Techno de Detroit también buscó crear una vanguardia musical que, en palabras de Derrick May, arribara a una mentalidad e identidad (16 Oct 1988, Page 85 - Detroit Free Press at Newspapers.Com, n.d., col. 4) pos – industrial, haciendo alusión a la tercera y última ola, futurista por naturaleza, descrita por el mismo Toffler. Así surgiría el proyecto de una especie de comuna cultural de jóvenes musicófilos exhaustos de las repetitivas aportaciones que venían de los géneros popularizados por la industria de la música en Estados Unidos, especialmente el disco. Todo ello se iba a realizar a través de una contra – propuesta compleja, refinada y sofisticada (“The Face,” 2010, p. 86), que sin duda se convirtió en una de las principales fuentes de inspiración para estilos posteriores de música electrónica, tales como la Intelligent Dance Music de principios de los 90. El sueño roto de Detroit fue reemplazado, pues, con uno nuevo, más brillante y optimista: el de una propuesta original que no reconociera barreras de clase, etnia, sexo, identidad, etc., únicamente el amor a la nueva música electrónica.

El futuro del Techno y Detroit en la era – COVID.


Como podrá leerse en la presentación de la revista, GUNK aspira no solo al periodismo musical serio y a ofrecer piezas de calidad para el lector interesado, sino a servir como un archivo que aporte al conocimiento futuro del arte en general. Además, cualquier obra, sea esta su intención o no, es una ventana hacia el presente en el que ha sido creada: sus inquietudes, vicisitudes y, por supuesto, la vida misma en un aquí – ahora determinado. Por ello nos ha parecido necesario concluir este artículo con una pequeña reflexión sobre las circunstancias actuales del Techno, la ciudad de Detroit y nuestra propia forma de interacción con la música electrónica de cara a los convulsos acontecimientos impuestos por una crisis sanitaria cuya extensión, tanto geográfica como en la vida cotidiana, nunca se había conocido en la historia de la humanidad. ¿Qué depara el futuro de la música electrónica en el contexto de un mundo cuyo sentido del tiempo, el espacio, la vida social, etc., ha sido fragmentado por un enemigo invisible y, no obstante, letal?

Pues bien, las dos décadas pasadas, con todo y el anuncio de una ciudad en bancarrota, trajeron un clima de optimismo, así como de gradual recuperación social y económica, a Detroit, en gran parte gracias a los artistas del Techno de Detroit. La importancia del turismo que año con año atrae el Detroit Electronic Music Festival desde su primera edición en el 2000 se ha traducido en una sociedad agradecida con la música que ha llegado a convertirse en el alma y espíritu de una ciudad golpeada por las contradicciones más intensas de un sistema económico que tiende a la desigualdad y marginación. En el 2016, el Trío de Belleville recibió la medalla al “Espíritu de Detroit”, redoblando los esfuerzos para conservar la historia del Techno como parte esencial de la identidad y pulso vital de la ciudad: se le dio oficialmente el nombre de Techno Boulevard al corredor donde se ubicaban los espacios creativos de Atkins, May y Sounderson; en 2003 la Sociedad Histórica de Detroit creó la exhibición “Techno: Detroit´s Gift to the World” en el Museo de Historia de la ciudad y en su colección de archivos ahora existe una sección permanente dedicada al estudio del Techno. A pesar de que a finales del 2019 Detroit seguía encontrándose entre las cinco ciudades más pobres de los E.U.A. (Flint and Detroit among Nation’s Top 5 Poorest Cities, New Census Data Shows, 2019), es evidente que el Trío de Belleville y las contribuciones del Techno se han consolidado como una imprescindible fuente de ingresos y de inspiración para la ciudad y sus habitantes.


Hoy en día es difícil aun calcular el verdadero impacto que tendrá la contingencia sanitaria provocada por la pandemia de COVID – 19 sobre los eventos culturales y la vida social organizada en torno al Techno de Detroit. Sin embargo, los pronósticos que podemos aventurar resultan, en el mejor de los casos, desalentadores. En el momento de este escrito, restan casi cuatro meses para la edición 2020 del Detroit Electronic Music Festival y los costos en vidas humanas (por no mencionar los contagios) en Estados Unidos alcanzan ya niveles francamente catastróficos: la vida social a escala nacional e internacional ha sido casi completamente interrumpida, probablemente hasta el punto en que será necesario cancelar por completo el evento del que depende tan profundamente el bienestar de la ciudad. No obstante, aún en las oscuras condiciones actuales, sobrevive el arte como conducto más profundo de la creatividad y aspiración humanas. Mentes brillantes a lo largo y ancho del planeta mantienen el legado de la música electrónica de la mejor manera posible; esperando con ansias el momento propicio para volver a compartir, de cuerpo presente, el arte que tanto amamos y necesitamos. Acaso en este contexto la historia de una triada de jóvenes que lograron anteponerse a los obstáculos que les impuso el lugar y la sociedad en la que nacieron adquiera un nuevo sentido y mensaje: uno de coraje, resiliencia y creatividad de cara a las más adversas situaciones.


Colegio de Historia, Facultad de Filosofía y Letras (UNAM).




Referencias.

4 Feb 1990, Page 166—Detroit Free Press at Newspapers.com. (n.d.). Detroit Free Press. Retrieved September 25, 2018, from http://freep.newspapers.com/image/99994104/?terms=techno

5 May 1989, Page 38—Detroit Free Press at Newspapers.com. (n.d.). Detroit Free Press. Retrieved September 25, 2018, from http://freep.newspapers.com/image/99574155/?terms=juan%2Batkins

16 Oct 1988, Page 85—Detroit Free Press at Newspapers.com. (n.d.). Detroit Free Press. Retrieved September 25, 2018, from http://freep.newspapers.com/image/99760889/?terms=detroit%2Btechno

23 Dec 1988, Page 29—Detroit Free Press at Newspapers.com. (n.d.). Detroit Free Press. Retrieved September 25, 2018, from http://freep.newspapers.com/image/99869740/?terms=detroit%2Btechno

31 Mar 2000, 47—Detroit Free Press at Newspapers.com. (n.d.). Detroit Free Press. Retrieved September 25, 2018, from http://freep.newspapers.com/image/360918450/?terms=techno

Albiez, S. (2005). Post Soul Futurama: African American cultural politics and early Detroit Techno. European Journal of American Culture, 24(2).

Anreus, A., Folgarait, L., & Greeley, R. A. (Eds.). (2012). Mexican muralism: A critical history. University of California Press.

Brinkley, A. (2011). Historia de Estados Unidos: Un país en formación.

Bureau, U. C. (n.d.). Money Income of Households, Families, and Persons in the U.S.: 1985. The United States Census Bureau. Retrieved May 16, 2020, from https://www.census.gov/library/publications/1987/demo/p60-156.html

Detroit, Michigan Population 2020 (Demographics, Maps, Graphs). (n.d.). Retrieved May 15, 2020, from https://worldpopulationreview.com/us-cities/detroit-population/

Flint and Detroit among nation’s top 5 poorest cities, new census data shows. (2019, September 26). Mlive. https://www.mlive.com/news/2019/09/flint-and-detroit-among-nations-top-5-poorest-cities-new-census-data-shows.html

McDonald, J. F. (2014). What happened to and in Detroit? Urban Studies, 51(16), 3309–3329. https://doi.org/10.1177/0042098013519505

The Belleville Three. (n.d.). Awakenings. Retrieved May 16, 2020, from https://www.awakenings.com/en/artists/the-belleville-three/1528/

The Face: Motorcity Techno / Detroit Piece (May 1988). (2010, October 7). Test Pressing. https://testpressing.wordpress.com/2010/10/07/the-face-detroit-dance/

Gunk

Legal

Redes

Jab

Hook

Blast

  • Instagram - Círculo Blanco
  • Facebook - círculo blanco
  • Twitter - círculo blanco

Contacto

Leak

© 2020 Gunk