Frank: Amy Winehouse y la velocidad de la luz

El debut de la última gran figura del neosoul, próximo a editarse en vinilo bajo la técnica Half Speed Mastering, es un disco al que habrá que poner más atención para comprender la grandeza de Amy Winehouse.


Por Ricardo Pineda (@PinedayAguilar)


Desde que el jazz, el soul y el blues han sido los pilares más sólidos de la música popular anglosajona, también ha existido un lugar común ligado al dolor y al sentimiento como base de su credibilidad, esencia y poder más legendarios. La vida tormentosa de sus protagonistas siempre nos reitera una idea afincada en que no hay educación musical o técnica lo suficientemente precisa que compense una entrega apasionada, un corazón roto y, en el caso de Amy Winehouse, una vida tan intensa que pueda ser convertida en canciones inolvidables.

Para los juicios más exigentes y los purismos más apolillados, la potencia creativa de Winehouse tenía ciertos bordes, siendo las similitudes estilísticas de sus influencias (Billie Holiday o Sarah Vaughan) las más evidentes. Sin embargo, el éxito que la cantante alcanzó a sus 23 años con Back to Black, su segundo opus de 2006, tomaría por sorpresa al pop contemporáneo del mundo entero para siempre.


Sin embargo, cuando de comprender más a detalle las razones del éxito y la calidad de una ahora leyenda como lo es la figura de Amy Winehouse, los primeros trabajos siempre son la fuente de mayor información a la mano, aunque la justicia y la claridad toman su tiempo, sobre todo en las últimas dos décadas, en donde lo efímero y el vértigo son las monedas de uso común.


Y si bien desde que el trágico fallecimiento de la autora de “Rehab” en 2011 puso la primera piedra de su legado, es su debut discográfico Frank (Island Records, 2003) la punta de lanza que explica el nacimiento de un nuevo ícono.



Tiempo y forma


Habría que echar un vistazo y ver desde dónde viene el mito. Con una duración que ya comenzaba a ser estimada “larga” para los nacientes estándares digitales (casi una hora), Frank se encontraba compuesto por 15 cortes, incluyendo un Intro, un Outro y dos cóvers. ¿El resto? Pluma y sentimiento en mancuerna con su productor, Salaam Remi, quien ya antes había pegado sendos éxitos para Nas y los Fugees.


Lo que aparentemente luce como puntos flacos, a detalle luce como las virtudes más lúcidas y hermosas de Frank, que nos muestra la versatilidad y amplitud artística de Amy Winehouse, quien a sus tan solo 20 años sabía dominar con su peculiar barítono un estándar de jazz, dotándolo de un halo rocksteady, o tomar un blues y acompañarlo con algunas secuencias y trucos de estudio, hermanando con el pop-soul femenino más iconoclasta de una década previa (pensemos en Erykah Badu o en Morcheeba).


Previo a este debut que le acarrearía dos nominaciones para los Brit Awards y la preselección para un Mercury Music Prize, Amy Winehouse ya antes había amarrado un contrato discográfico a los 16 años, gracias a su entonces novio, el cantante Tyler James. Sin embargo, los astros y el momento justo de las cosas se caracterizan por no asomar sus luces antes o después.



Una caricia rápida


Frank mantiene un compendio brutal, bello, sensual y a veces dolido de canciones que nos dibujan una artista llena de arrestos y fragilidad a través de poderosos sencillos "Stronger Than Me","In My Bed" o "Fuck me Pumps". Y si bien es cierto que en el primer disco de la cantante no hay un solo hit de los alcances de “You Know I'm No Good”, “Back to Black” o la misma “Rehab”, vaya que Frank nos deja contemplar un pilar vocal mucho más sólido, honesto y fluido.


Como antesala del estrellato, Frank es una caricia rápida y violenta al pop, desde un lugar siempre recurrente, pero pocas veces refrescado con tino como lo escuchamos aquí, en donde Amy Winehouse se nos presenta ya como una cantante firme, pero aún luminosa y con una chispa de jovialidad nata.



Despacito


En los últimos años, el público más entusiasta ha expresado que pese a su poderío y belleza, los matices sonoros de Frank no han sido escuchados por el mundo como es debido. Lanzado originalmente en CD, el álbum fue editado hasta 2015 en vinilo de 180 gramos, aunque con un tratamiento hasta cierto punto flat.


No es de extrañar entonces la noticia de la reedición de Frank que será lanzada en vinilo bajo la técnica Half Speed Mastering, ejercicio cuasi artesanal de corte, que da como resultado el mejor sonido posible sin alterar la esencia natural con la que fue concebido el disco originalmente, algo que ya hemos podido escuchar en algunos discos de artistas como Brian Eno, Scott Walker, The Police, entre algunos otros.


Cortar a la mitad de la velocidad significa que la información dentro de la grabación de la fuente, alrededor de 17kHz, se graba realmente a 8.5kHz, por lo que está muy lejos del punto en que se agota la retroalimentación, algo que no se puede hacer con discos con un sonido demasiado brillante. Esto da como resultado una respuesta de alta frecuencia más precisa y abierta que en el vinilo de media velocidad, por lo que los cortes incluidos en Frank sonarán gordos, poderosos, imponentes.


Resultado no solo de un talento único y un equipo con visión, Frank también es fruto de una fuente de alta calidad, un ingeniero altamente calificado y mucho más tiempo para tener un resultado acucioso y de alto poder. Es como si estuviéramos a punto de escucharlo por primera vez.



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