Entrevistas mutuas | Sarmen Almond + Piaka Roela

“Entrevistas mutuas” es una serie de diálogos creativos entre mujeres artistas. Esta vez, Sarmen Almond y Piaka Roela indagan mutuamente en las maneras en que se aproximaron a la exploración sonora, las razones para adoptar ciertas sonoridades y sus experiencias trabajando en la interdisciplina.



Sarmen Almond entrevista a Piaka Roela

Piaka Roela (México, 1988) es una productora e intérprete musical que utiliza la guitarra como instrumento principal. Desarrolla experimentos sonoros con medios acústicos, análogos y electrónicos inclinados hacia paisajes y ambientación sonora. Ha participado en compilados como Feminoise Latinoamérica (Argentina), Unexplained Sounds Group (Italia), No hay más fruta que la nuestra (México), Enamorados Pantanos, la instalación del brasileño Lucas Parente, Camino de Obsidiana y el compilado estadounidense Elestial Sounds, Sonidos en Resiliencia y Club Sentimental de Oris Label y el compilado alemán RE:natura #01: Symbiosis.

Ha presentado su trabajo solista y colectivo en Mensajes Sonoros, del Centro de Cultura Digital; pieza para danza “Favor de Guardar Silencio”, en el Centro Cultural del Bosque, Centro Cultural de España en México; instalación sonora, Ciclo “&” (2013) y Mensajes Sonoros (2019), del Centro de Cultura Digital; así como (de forma solista o en conjunto) en Festival NRMAL, Mutek, Festival Cyborgrrrls, Ex Teresa Arte Actual y Centro Multimedia del Centro Nacional de las Artes, entre otros espacios y festivales.

Actualmente forma parte de Sexores (EC-MX) como guitarrista, Lxs Chávez como guitarrista, *Todas las Anteriores con Libertad Figueroa y proyecto solista Piaka Roela; y desde 2017 es cofundadora del colectivo Híbridas y Quimeras, que busca la exposición y presentación de personas que se identifican como mujeres en la experimentación sonora, electroacústica y electrónica, así como de Oris Label, sello mexicano que busca servir de plataforma a las mujeres y personas no binarias dentro de la música electrónica en Latinoamérica. Anteriormente formó parte de Terr Monsta y Acidandali, además de haber tenido participaciones efímeras y no tan efímeras en grupos de improvisación sonora.


¿En qué momento elegiste tu instrumento y cómo fue tu acercamiento con “ella” a la exploración sonora?

Piaka Roela: Mi acercamiento con la guitarra fue en la adolescencia. Desde esos tiempos había tenido una fascinación por los instrumentos de cuerdas, entonces ponía mucha atención en los sonidos que estos producían. Conforme fui creciendo y MTV mostraba música de todo tipo, me fui interesando en aquellos solos de guitarra que me hacían sentir emoción como un grito desgarrado desde mis entrañas. Tuve una guitarra acústica pandeadísima y con esa aprendí a tocar, y a los 15 años me regalaron mi primera guitarra eléctrica y un pequeño amplificador. Conectarla al ampli en el modo distorsión fue un sentimiento indescriptible. Todo el ruido y el feedback que podía crear solo al acercar las pastillas a la bocina me inspiraba demasiado. Fui consiguiendo pedales y estaba horas explorándolos conectando la guitarra, teclados, micrófonos, así creaba ambientes oscuros y densos, desde entonces sigo explorando sonidos entre guitarras y, a veces, sintetizadores y objetos.


¿Qué tipo de sonoridades/géneros así llamados disfrutas más hacer? ¿Y cómo te complementan en la escena?

Piaka Roela: Me gusta crear capas sonoras y destruirlas poco a poco. Esto lo integro en los proyectos con los que trabajo, desde noise, shoegaze, trip hop, ambientación, ¡hasta punk! También me gusta mucho improvisar con más personas, porque da pie a una conversación sin palabras en donde se pueden integrar desde estas capas a la armonía más fina y hasta el propio silencio después del caos.


¿Algún evento/aventura fuera del escenario/mundo del sonido que haya sido definitivo para tu manera de hacer música?

Piaka Roela: Una amiga con la que formé una banda de garage me llevó al Ex Teresa a algún performance. Yo no conocía mucho de arte sonoro, pero entre los carteles que había ahí estaba un taller de Sistemas de Audio Multicanal para la Música. Me llamó la atención y lo tomamos. Se trataba principalmente de espacialización de audio, pero con fundamentos de música concreta y electroacústica. En ese momento me parecía un poco burdo lo que se planteaba, pero marcó mucho la manera de escuchar y de reinterpretar. Fue desde ese momento que empecé a jugar con las sonoridades, y obviamente a experimentar y grabar cualquier sonido que se presentara. Y en realidad cuando he encontrado talleres, grupos o personas que introducen a SUS formas de hacer música, también me inspiran y me cambian donde estoy parada al momento de la creación.





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Piaka Roela entrevista a Sarmen Almond

Sarmen Almond es una música y performer vocal mexicana. Artista intermedial y profesora de voz especializada en la tradición Roy Hart. Maestra en Artes Sonoras (Queen’s University Belfast). Sarmen utiliza la voz y su relación con las nuevas tecnologías para crear composiciones y descomposiciones de la personalidad en el escenario. Ella persigue una búsqueda constante de las infinitas posibilidades vocales que el cuerpo humano lanza como instrumento, así como el reflejo de estas sonoridades en espacios físicos e imaginarios. Sarmen ha actuado en México, Aberdeen, Londres, Belfast, Francia, Sevilla, Edimburgo, Praga, Manchester, Falmouth, Sheffield, La Haya, Utrecht, York, Barcelona, Singapur, entre otros. Sarmen tiene dos proyectos principales: Alquimia Vocal: performance vocal, libre improvisación y entrenamiento vocal. Y Man In Motion: dúo de música downtempo.


¿En qué momento descubriste que tu voz era un arma poderosa para crear sonoridad y cómo fue el proceso para complementarla con las texturas sonoras que creas?

Sarmen Almond: Sobre esta pregunta, primero diré: “¡wooow!”. Nunca pensé en la voz como un arma, antes de cantar, antes de sonar. Yo comencé a cantar en un coro. Antes de eso, quería dedicarme a la danza. Pero cuando tomé mi primera clase de canto, dije: “esto es lo mío”. Fue un proceso de mucha disciplina. Si pienso en cuándo descubrí el poder de la voz, más allá de la música, fue cuando terminé la carrera de Composición y de Canto, y comencé a trabajar con mi voz, más con actores o bailarines, y descubriendo que para mí era una necesidad hacer sonido sin necesidad de decir palabra. Entender la voz en su sonoridad y en la potencia que tiene pre-lenguaje. Creo que ahí fue el momento, en 2006/2007. Aunque ya un poquito antes había trabajado en producción de música electrónica, y me daba cuenta de que tenía en mi cabeza o imaginaba lo que yo llamo voces, que no puedo producir porque soy un ser orgánico y mi cuerpo es mi instrumento, pero son sonoridades que imagino y que me preguntó cómo puedo producirlas. Entonces comencé a trabajar más con programación o con otro tipo de electronics en conjunto con mi voz para crear y poder sacar todas las voces que estaban en mi cabeza, que imaginaba. Me dije: “me encanta la voz a capela, pero también en algún momento necesito poder expandir sus posibilidades y mostrar, si es posible, mundos imaginarios”. Ahí es cuando encuentro estas atmósferas, que complementan y dialogan con mi voz humana, para presentar lo que está en mí en un proceso creativo tanto para mí como para la escucha.


¿Cómo ha sido tu experiencia trabajando con artistas de distintas disciplinas?

Sarmen Almond: Es en 2007 cuando yo comienzo realmente a conocer las llamadas técnicas extendidas de la voz, y comienzo a trabajar con ellas, a explorarlas, sí desde Occidente, pero no desde la música. Por azares del destino, comienzo a trabajar mucho con actores, principalmente, y con bailarines, en una tradición que se llama Roy Hart. Por ahí sigo todo un camino, pero ahí me doy cuenta de mi necesidad de moverme. Y pensar la voz, en la interdisciplina, con lenguaje y no siempre cantado. Con texto, por ejemplo. Entonces ahí me doy cuenta de que necesito moverme, arrastrarme por el piso, cantar, crear música, programar… Y empiezo a transformarme en una creadora interdisciplinaria. Tuve la fortuna de estudiar arte sonoro como maestría, y la suerte de estar en un programa que se llamaba Sonic Arts y había “Interdisciplinary Arts”. Ahí, todos mis diálogos y mis exploraciones eran con gente que estaba en el cine, en el teatro… Y eso me ayudó mucho para sacar lo que yo quería hacer más allá de la música. Me interesa mucho el video. Cuando compongo una pieza de performance, trabajo con video sobre mi cuerpo. Me gusta mucho también la espacialización, si hay la oportunidad. Y recientemente he estado en contacto con gente de la psicosomática, más hacia la medicina; no es que yo vaya a ser terapeuta, pero veo en mi parte pedagógica una gran potencia de la voz no solo en el arte, sino como un sonido que expresa toda nuestra personalidad, y a través de él nos conocemos a nosotros mismos y al otro. La voz suena o la voz existe hasta que es escuchada por el otro, y creo que toda esta potencialidad física sonora pero también emotiva y mental está en ella. Entonces trato de ver al cuerpo como instrumento, pero este cuerpo compuesto por mente, huesos y emoción, en donde todo está vinculado. Para mí, eso es también la interdisciplina en el mismo cuerpo, una conexión de todos los sentidos inherentes al ser humano.


¿Cómo introduces el uso de la voz y el cuerpo a las personas que se involucran en tus talleres? ¿Tendrás alguna experiencia particular sobre este tema?

Sarmen Almond: Comienzo a trabajar en la enseñanza hace un rato. Ahora, creo que yo comparto, más que enseñar. Creo Alquimia Vocal en 2017. De la idea de compartir nace la idea de llamarle a esos talleres labororatorios. Viene del laboratorio, de la práctica, del entrenamiento, la gimnasia, por así decirlo, y del oratorio, ese momento de reflexión, análisis, pensar y repensar lo que está sonando y lo que sale de nosotros y nosotras. Trabajo un labororatorio mensual, en donde hay un tema, siempre relacionado a la voz, y todos son bienvenidos, no solo los “especialistas de la voz” o artistas escénicos. Entonces, cuando llega alguien curioso o curiosa y me dice: “Yo vengo por casualidad o porque tengo ganas de ver qué pasa”, creo que siempre los trato como a todos en el grupo, pero sí voy viendo y teniendo un poco más de cuidado en cómo me acerco a los cuerpos. Si tuviera que referirme a la “clase o sesión cero” sería como el momento de poner esa semilla del cuerpo como instrumento y la voz como cuerpo invisible. Y de ahí, teniendo esta imagen, ver cómo comenzamos a producir sonoridad, y esa sonoridad puede llevarnos a la creatividad, al autoconocimiento, a la terapia… Pero en la introducción es importante decir que no vamos a trabajar la voz, vamos a trabajar todo el ser humano. Siempre les digo que es el training de la sensibilidad, el training de la escucha, el training de todo lo que hacemos, porque 50% es técnica o el ejercicio, pero todo lo demás es lo que traemos en nuestra cabeza, y muchas veces no podemos dar una nota no porque físicamente no podamos, sino porque tenemos un bloqueo. Y eso lo trabajamos mucho desde la fisicalidad, desde la sensación, llevando a los cuerpos a ciertos movimientos, a situaciones extremas no por la dificultad, pero sí porque nos desbalancean, llevan al cuerpo a un desequilibrio donde nuevas puertas físicas puedan abrirse y sacar sonoridades que tal vez nos sorprendan. Me interesa, me sorprende y me encanta ver a los cuerpos y a las voces cómo van cambiando, cómo una simple nota puede significar muchísimas cosas, y cómo durante los labororatorios vamos descubriendo y descubriéndonos ante el otro y trabajando una escucha que nos lleva a la empatía. Ha pasado que alguien llora, y creo que es algo normal, de la vida cotidiana, pero no lo vemos cotidiano. Lloramos porque la voz abre compuertas, y a veces hay sonoridades que tocan espacios que no nos gustan o espacios que no sabíamos que estaban ahí o que nos encantan. Las lágrimas no siempre son de tristeza, a veces son de sorpresa, de entusiasmo y de decir: “No sé por qué lloro, pero es la manera en que puedo sacar lo que siento a través de la vibración que está en mi cuerpo”.