Explorar la voz y su resonancia mediante koans y paisajes imaginarios

Platicamos con la vocalista experimental finlandesa Johanna Elina Sulkunen a propósito de la segunda parte de su trilogía Sonority, Terra, un álbum cuyo plan original contemplaba grabar la naturaleza inhabitada de Islandia antes de que la pandemia llevara al obligado encierro.


Por Jesús Pacheco V. (@peach_melba)


En 2016, la artista sonora y vocalista experimental finlandesa Johanna Elina Sulkunen, integrante del ensamble vocal IKI, necesitaba profundizar en el entendimiento de cómo podía extender la capacidad de crear música con el uso de su voz.

“La voz es un instrumento muy versátil, y sentí que no lo había utilizado en todo su potencial”, cuenta en entrevista para Gunk. “Necesitaba redefinir mi 'vocalismo' y expandir el espacio en el que estaba parada como vocalista y como música. Ser la figura principal en una banda no siempre es tan versátil musicalmente. Descubrí que era muy limitante estar en la posición en la que estaba en aquel momento. Fue la culminación de un montón de cosas en mi viaje como música la que me hizo querer entrar en un viaje hacia y desde mi propio instrumento: la voz”.

Así arrancó el proyecto solista Sonority, en el que escogió algo característico de la voz: la resonancia particular del cuerpo y de los textos. Y lo hizo utilizando los koans como material sonoro. Un kōan es, en la tradición del budismo zen, una anécdota paradójica o acertijo sin solución, utilizado para demostrar la insuficiencia del razonamiento lógico, y cuya resolución resulta en la iluminación. Todos los sonidos del primer álbum de Sonority estaban basados en sonidos vocales y grabaciones de campo de templos budistas japoneses manipulados electrónicamente.

“La voz es un instrumento único, es personal, pero tan privado como público. Es una ventana tanto hacia el mundo como hacia nosotrxs mismxs. Quise conceptualizar el trabajo del texto, evitar la narración personal y el enfoque emocional. Los koans eran perfectos en su carácter. Funcionaron como material para las composiciones. También ofrecieron una ventana a un sentido superior de la vida, personalizado de una manera que, al final, salía de mi boca. La sonoridad se define vagamente como el volumen de los sonidos del habla en relación con otros sonidos del mismo tono, longitud…; por lo tanto, la sonoridad está a menudo relacionada con las clasificaciones para fonemas en su amplitud. Me concentré en las texturas de las letras, las sílabas y las oraciones, y compuse solo usando esos elementos. Los koans también dictaron la forma de las piezas. Estaba escribiendo muy conceptualmente, y de esa manera, también me sentí liberada de las limitaciones y las expectativas estilísticas. ¡Fue un proceso muy liberador!”



Todos los sonidos en Koan, la primera parte de tu trilogía Sonority, estaban basados en sonidos vocales y grabaciones de campo reunidas en templos budistas japoneses, y en su manipulación electrónica. ¿Cómo fue el proceso para esta segunda parte, la que titulaste Terra?

En Terra, estoy apelando al mundo físico y a los sonidos concretos de la naturaleza. La idea de toda la serie Sonority es investigar la voz humana y su resonancia. En esta segunda parte, el propósito era llegar a los alrededores concretos y basar la música en elementos fundamentales de la naturaleza. La temática gira fuertemente en torno a la Tierra, los planetas, la naturaleza… Hay algunas grabaciones de campo de nieve y de hielo de Finlandia, y quería grabar mucho más en la naturaleza de Islandia, a donde se suponía que viajaría justo cuando golpeó la pandemia y el encierro.


Compusiste Terra mientras estabas varada en Copenhague, y se dice que con este material quieres invitar al oyente a cuestionar la vida moderna y su relación a menudo destructiva con la naturaleza.

Ya tenía ganas de tomar un descanso antes de que nos viéramos obligadas a hacerlo con el encierro. Mi plan era ir a la naturaleza, a lugares donde no hubiera vida humana; escuchar y hacer grabaciones de campo y de mi voz en áreas remotas. Quería reducir los estímulos de la ciudad y el estilo de vida veloz. A menudo no hay tiempo para reflexionar cuando siempre estás corriendo o estás siendo estimulado constantemente. Muy rápido pierdes contacto contigo mismo. Tengo un enorme respeto por la naturaleza y su poder. Necesitamos darnos cuenta mundialmente de que somos parte de la naturaleza, y de que tarde o temprano, se hará cargo si no actuamos sobre ella. O incluso aunque lo hayamos hecho.


¿Qué reflexiones/meditaciones/pensamientos y preguntas tuviste mientras estabas atrapada en Copenhague, y de qué manera esas reflexiones/meditaciones/pensamientos dieron forma al espíritu de este nuevo álbum?

La imaginación es poderosa. Fue un momento que detonó la ansiedad de todos cuando ocurrió el primer encierro y nadie sabía realmente lo que estaba pasando. Pero a mí de verdad me ayudó a adentrarme en la música. Tenía ideas muy claras de cada track y de la vibra de cada uno. Además, pensaba en que esta manera de trabajar era mucho más respetuosa con el medio ambiente que si hubiera podido volar a Islandia. Lo único que me faltaba era la naturaleza, así que literalmente me la imaginé. No quería detener el proceso del disco, así que me ajusté a las circunstancias. Y al final, pensé que era perfecto. La música y los sonidos son algo que está ahí y siempre estará. Siempre están sonando en mi cabeza, no importa el lugar en el que esté.



¿Cómo te las arreglaste para invocar paisajes que estaban dramáticamente lejos debido al aislamiento involuntario?

Mi idea original, muy visual, era ir a algún lugar donde no hubiera presencia humana, y grabar esa ausencia y todo tipo de pequeños y grandes sonidos de la naturaleza. Había empezado las grabaciones de campo en Finlandia y tenía un montón de sonidos crujientes de nieve. También tenía una idea muy clara del disco ya en mi cabeza, en parte consciente, en parte inconsciente. Como no tenía los sonidos concretos listos, estuve tocando un poco más con sonidos sintéticos, diferentes tipos de procesamiento de voz, y las grabaciones de campo y los sonidos que ya tenía. Y al final, trabajé en la posproducción con un productor, compositor y persona realmente maravillosa, Aske Zidore. Él le dio un brillo fresco a la última parte del proceso.

También fue genial trabajar estrechamente con Tapani Toivanen, un artista visual que ha hecho muchas presentaciones en vivo. Discutiendo la música y las ideas con él, creó todo un universo de paisajes utilizando tecnologías basadas en la inteligencia artificial que mutaban en algo que podía suceder en un sueño o en una imagen mental. Todo condujo a este híbrido que realmente disfruto, una mezcla de muchas cosas que se convirtieron en mucho más de lo que pensé al principio.


En Terra, continuaste parte del trabajo que habías iniciado con el budismo zen y los koans, ahora incorporando también tus propias letras, pero esta vez explorando la transformación del lenguaje verbal en instrumentos, y dejando que las cualidades de los textos influyeran en el resultado. Cuéntanos un poco de cómo fue este acercamiento.

Creé un sistema de letras y sus sonoridades y cualidades. Hicimos muchas grabaciones en el estudio que luego he usado de manera creativa. Quería encontrar una manera de componer a partir de los sonidos vocales, y tengo un montón de material inédito. También quería abrirme a textos reales. Así que esta vez usé koans zen de manera más explícita para que pudieran escucharse las letras. A menudo son bastante crípticos, ya que evocan preguntas y preguntas, en lugar de crear una historia. Creo que cierto tipo de apertura de las piezas también remite a los koans. Así que en muchas capas, se remonta a los koans y, de esa manera, también al budismo zen.


¿Qué vida estás planeando para este material en términos de presentaciones en vivo o algún tipo de vida extendida?

Voy a tocar Terra en vivo en febrero, en KoncertKirken on Blågårds Plads, una iglesia maravillosa que ya solo se ocupa como sala de conciertos. Por primera vez tocaremos en vivo con toda la gente que toca en el álbum. No se escuchará el material tal cual, porque me gusta mantener las cosas en movimiento y reaccionando al momento y al espacio. Siempre trabajo con músicos que tienen un fuerte bagaje como improvisadores. ¡Me emociona mucho tocar este álbum en vivo! Si de casualidad están en Copenhague, dense una vuelta el 10 de febrero. También he presentado varios conciertos solistas vinculados con el álbum Koan tanto en Europa como en Japón.



Finalmente, ¿podrías presentar brevemente cada uno de los 7 tracks del álbum?

VIII Layers. Esta es una continuación directa del último track del álbum Koan. En los saxofones están los fantásticos Henrik Pulz Melbye, Carolyn Goodwin y Francesco Bigoni.


IX Soil. Hay melodía y armonía en este track, tiene más un formato de “canción”. Yo quería hacerlo más como un 'suspiro épico' tras sentir el suelo bajo tus pies y darte cuenta de lo frágil y corta que es la vida humana en la Tierra. El cuarteto de cuerdas Halvcirkel improvisó maravillosamente. También hay algunos contrabajos tocados por Tapani Toivanen.


X Hiemal. Aquí usé grabaciones de campo de nieve y hielo de Finlandia. Todo fue pasado por el Morphagene y manipulado con un montón de efectos. Toqué una especie de demo de este track antes de llevarlo al estudio y grabar las cuerdas. En este track escuchamos de nuevo a Halvcirkel. Ellas fueron muy abiertas y maravillosas para colaborar.


XI Human Antitouch. Esta fue una creación de la época del corona. Se llama así, porque ya estaba bastante prohibido estar en contacto con los demás. También se refiere a la naturaleza intocable. No hay otros instrumentistas excepto yo y mi voz. También toqué las cuerdas.


XII Counting of Days. Trabajé con el texto de un koan. Hay muchas imágenes de la naturaleza en este texto, así que usé tanto las imágenes como la forma del texto. Tenía un sistema para componer con texto. Pero creo que cuanto más creo algún tipo de sistema, más me empuja a romperlo e ir por otro camino, y al final, el punto de encuentro de un sistema y mi intuición es la combinación definitiva. Un gran productor, compositor y persona, Aske Zidore, trabajó con la forma final, y me encanta lo que hizo. Las cuerdas de nuevo fueron de Halvcirkel y en los saxos suenan Francesco Bigoni, Carolyn Goodwin y Henrik Pulz Melbye. El título, “Counting of Days”, suena bastante apocalíptico, y tal vez lo sea... Pero también puede referirse al recuento de los días hacia el final del encierro o algo totalmente distinto. ¡Ustedes deciden!


XIII The Earth. Esta pieza estaba compuesta de planetas y movimientos circulares. Tenía tres diferentes capas rítmicas independientes. En la fase de posproducción, esto se volvió más y más vago para el oyente. Pero de todos modos, ahí es donde estaba el punto de partida. Movimientos circulares de planetas que se encuentran, pero muy raramente. Cuerdas de nuevo por Halvcirkel y en los clarinetes, Francesco Bigoni, Carolyn Goodwin y Henrik Pulz Melbye.


XIV Terra. Siento que este track es el alma de este disco. Es el principio y el final. Fue la primera pista, bastante intuitiva, cuando empecé a hacer el disco. Intuitiva y honesta, como el proceso completo. Estoy muy feliz de haber podido grabar el disco con la gente que realmente me había imaginado: Anders Vestergaard en la batería, Carolyn Goodwin en el sax y el clarinete, Francesco Bigoni en sax y clarinete y Henrik Pulz Melbye en sax y clarinete. Y Halvcirkel en las cuerdas.