Ella Fitzgerald: Las Grabaciones Perdidas de Berlín.

Por: Rogelio Garza / @rogeliogarzap


No estaban tan perdidas, sino a salvo de aquel gran incendio de los Estudios Universal que hizo cenizas gran parte de su obra en 2008.



Foto:WGR


Desde 1933, la voz del jazz es y será femenina. Por desgracia, la reina del género abandonó esta tierra a los 79 años, cuando su corazón dejó de marcar el ritmo en 1996. Pero su voz no ha sido superada. Ni su legado que le valió una corona de 14 Grammys y la Medalla Nacional de las Artes en los Estados Unidos. Su último disco de estudio, All That Jazz de 1989, es la cumbre de una discografía compuesta por 58 álbumes, incontables colaboraciones y 30 grabaciones en vivo a su paso por cinco continentes y otras tantas disqueras. La de cabecera, Verve Records, creada en 1955 por su mánager y productor Norman Granz para hacer de Ella una estrella, acaba de lanzar The Lost Berlin Tapes.



Foto: Getty


La vida y carrera musical de Ella Fitzgerald fueron más difíciles que una canción de Coltrane. Después de una juventud turbulenta y su matrimonio con un delincuente, Ella se encontró con la música. Pero también con el racismo y la predisposición social por ser mujer y cantante de jazz. Debutó en el famoso Teatro Apollo de Nueva York, en un concurso de principiantes, donde conoció al baterista Chick Webb. Éste le dio la oportunidad de cantar en su orquesta durante un baile en la Universidad de Yale y siguieron juntos en el swing hasta la muerte de Webb. Fitzgerald se quedó al frente de la orquesta y también cantaba con su grupo, Ella and Her Savoy Eight, que la acompañaba por las noches en el salón de baile Savoy. Y colaboró en los grupos de Louis Armstrong, Duke Ellington y Benny Goodman. Ya desde entonces los grandes la reconocían por su multitonalidad y su capacidad de improvisar, el scat jazzero, juegos vocales de palabras, antecedente del rap. Su primer éxito radial, “A-Tisket, A-Tasket”, le dio una fama inesperada hasta ser considerada una artista que unió las culturas negra y blanca en un estilo musical libre. Algo semejante a lo que hizo el arquitecto del rock and roll, Little Richard.



Foto: CBC


Durante sus giras europeas entre 1960 y 65, Ella se presentó en Berlín cada año. La noche del 25 de marzo de 1962 cantó en el Palacio del Deporte, acompañada del célebre trío de Paul Smith, pianista de Les Paul y Dizzy Guillespie, Stan Levey, baterista de Charlie Parker, y el bajista Wilfred Middlebrooks. La grabación permaneció guardada durante décadas porque ya existía el clásico en vivo de 1960, el antecesor Ella in Berlin: Mack the Knife. Es un disco que tiene dos Grammys: uno por sus 25 años de vigencia histórica-musical y otro por la mejor cantante femenina. La anécdota es perfecta: durante el concierto olvidó la letra de la canción “Mack the Knife”, tuvo que improvisar para salvar el avionazo y sin darse cuenta obtuvo el reconocimiento de la crítica, la industria musical y el mundo del espectáculo. Puro talento de 24 kilates. En octubre de 2020, Verve Records decide lanzar The Lost Berlin Tapes, el registro de aquel otro concierto producido por Norma Granz. 17 temas que suenan impecables, prístinos, como si se hubieran grabado apenas la semana pasada, como “Cry Me A River”, “Summertime”, “Someone To Watch Over Me”, “Good Morning Heartache” y la gran causante de todo, “Mack The Knife”.


Para preparar la pista de baile en medio de la pandemia, Verve lanzó previamente dos EPs de seis canciones sublimes cada uno, grabados en el mismo concierto: Macky’s Back in Town y Love in Berlin, con algunos temas compartidos en el álbum de los Tapes Perdidos, como “Cheek To Cheek” y “Taking A Chance On Love”. Todo este material captura a la mejor cantante de jazz de todos los tiempos en plenitud vocal, esa voz de montaña rusa aterciopelada entre las décadas de los sesenta y los setenta, antes de sucumbir a la enfermedad. Tristemente padeció diabetes, fallas cardiacas y respiratorias, antes de caer rendida. Cantó en público por última vez en 1993. Poco tiempo después perdió las piernas por la enfermedad. Pero a su voz le salieron alas con el poder de elevar al respetable, tal y como se escucha en The Lost Berlin Tapes. “Dios me dio una voz para hacer felices a las personas”, dijo alguna vez. Y cumplió con creces.




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