Crónica: conversaciones de la vida marihuana en CDMX

Con el pretexto del 420, platicamos con Caitlin Donohue, periodista cannábica con amplia trayectoria que semana a semana conversa por Radio Nopal con pachecxs luminarixs del activismo, el cultivo o la legalización


Por Jesús Pacheco (@peach_melba)


Caitlin Donohue admite ser pacheca, pero pronto aclara que su interés periodístico en las drogas va mucho más allá del consumo. Para ella, las sustancias son una útil herramienta para describir cómo está estructurada una sociedad. “Ver cómo los que tienen el poder representan y controlan las sustancias ‘ilícitas’ nos dice mucho de la política, del sistema de salud, de la discriminación racial, las fronteras, y en el caso de la legalización, del capitalismo hiperacelerado”, sostiene.

Cat es una periodista cultural originaria de San Francisco, pero se incorporó a la vida chilanga hace más de un lustro. Ha escrito para publicaciones como High Times, Remezcla, Bandcamp, SFMoMA’s Open Space y el San Francisco Bay Guardian. A finales del año pasado publicó el libro para adolescentes She Represents: 43 Women Who Are Changing Politics… And The World (Lerner Books). Fuma spliffs, y desde mediados del año pasado da vida a Crónica, un espacio en línea de conversaciones en torno a la cultura cannábica, transmitido por Radio Nopal.

¿Cómo nace “Crónica”? ¿Por qué era necesario un espacio como “Crónica” en la CDMX y en 2020?

Cat: Nació Crónica, porque quería un proyecto sobre y para la comunidad actual de la Ciudad de México. No me siento supercómoda con mi español escrito, y la radio siempre me ha atraído. Hay tantos huecos en la información sobre drogas en México (por algunas buenas razones; no es sensacionalista decir que la mota ha estado asociada con mucha violencia acá). Esto es una pena enorme, porque la verdad, México es uno de los centros culturales de la marihuana y de muchas otras drogas en el mundo, como las psicodélicas. O sea, el mundo dice “marijuana”; eso es por la palabra mexicana, así de sencilla. Hay que alabar una cultura de la droga que ha existido por más que un siglo (si empezamos con su presencia en la Revolución, aunque hay otros que pueden identificar la presencia de la planta desde los primeros días colonialistas y la llegada de la gente africana por el crimen sistemático de la esclavitud. Mennlay Golokeh Aggrey ha escrito sobre el rol que elles podrían haber jugado en el desarrollo de la planta en este país).

¿Cuándo y por qué te interesas como periodista en la cultura cannábica? ¿Y qué tanto tuvo que ver San Francisco en esas preocupaciones?

Cat: Creo que mi carrera como escritora tiene todo que ver con mi historia personal. Mis papás se mudaron a San Francisco un mes después de mi nacimiento (nací en Austin, Texas, donde los dos estaban trabajando en sus doctorados), cuando mi papá consiguió chamba como profesor en la Facultad de Economía de San Francisco State University. Ellos son bastante progresistas —los dos son muy activos en movimientos sindicales— y me criaron para desconfiar de los estereotipos negativos sobre los usuarios de drogas. Culturalmente, entrábamos perfectamente en la Bay Area, pero la gentrificación ya estaba cabrona en San Francisco, y cuando yo tenía 10 años y mi mamá sacó un puesto como profesora en la University of Oregon, nos mudamos a Portland. Cuando yo tenía 24 años, regresé a vivir en SF después de estar un chingo de tiempo en otros lugares. Había estado trabajando desde mi adolescencia en la política, pero en ese momento reconocí que yo no servía para nada más que para escribir, realmente. Estaba trabajando como mesera, y saqué una práctica en un periódico alternativo semanal gratis que se llamaba San Francisco Bay Guardian. Fue el segundo “alt weekly” en el país, después del Village Voice, de Nueva York, y yo había crecido viéndolo en las esquinas de la ciudad. Tenía la reputación de ser resistencia cultural y política, en una ciudad con una gran historia de ambas cosas. Las oficinas eran un caos. Era muy fucking fun. El énfasis en el periodismo radical y en textos con mucha personalidad iba perfectamente conmigo, y al cabo de unos años me dieron el puesto de editora de la sección de cultura de la publicación.

Tengo entendido que cuando arrancas tu primera columna sobre cultura cannábica (en el San Francisco Bay Guardian) tenías pensado que fuera muy cultural, y poco a poco fue necesario que se fuera orientando hacia lo político o legal. ¿Qué influyó en que así fuera y de qué manera influyó en tus investigaciones posteriores?

Cat: Fíjate que cuando me encargaron la sección de Cultura, de repente yo tenía que generar gran parte de nuestra coberatura de eventos: comida, tragos, sexo y weed. No teníamos presupuesto para contratar a muchxs freelancers, así que yo estaba transitando por la ciudad como un pinche huracán, descubriendo lo que estaba pasando dentro de todos esos temas. ¡Jajaja! ¡Y la gente ahora se pregunta por qué me he vuelto tan señora! ¡Estoy cansada, chiques! Un día, mi editor Marke B., el infame escritor del nightlife que me había elegido como su becaria al principio y que eventualmente se convirtió en el publisher del periódico, me dijo que necesitábamos una columna de marihuana, y me tocó escribirla. Hasta le puso nombre, “Herbwise”. San Francisco fue la cuna del movimiento de derechos cannábicos —debido en gran parte a la epidemia de VIH/SIDA, cuyos pacientes necesitaban marihuana para ayudar con los síntomas de la enfermedad— y a partir de ello y otros factores, California fue el primer estado del país en legalizar la marihuana medicinal. La planta es muy importante para la Bay Area. Para mí, el periodismo cultural es sobre reajustar nuestro entendimiento del mundo, remarcando los parámetros de lo que es importante. Creo que la música, el arte, lo que comemos, expresa mucho sobre nuestros valores. Entonces sí, yo quería enfocarme en el lado cultural de la marihuana al principio, y en las nuevas maneras de consumir que estaban surgiendo a partir de entrevistas con artistas y gente de la comunidad que utilizan la marihuana en su vida y práctica. Quería documentar qué efecto estaba teniendo el cannabis en nuestra sociedad. Pero justo cuando empecé la columna, el gobierno federal empezó a saquear y cerrar negocios independientes, legales bajo la ley californiana. Así que me sentí obligada a reportar sobre esto y otros temas políticos. Así fue la vida, así que mi carrera le siguió. Luego escribí por varios años para High Times, y ahora estoy con un sitio en el cual está involucrado Snoop Dogg, Merry Jane.

Caitlin Donohue


Hace unas semanas leí que estabas dejando de escribir sobre música, a menos que estuviera de alguna manera relacionada con la cultura cannábica. ¿Por qué tomaste esa decisión?

Cat: Yo me veo como una periodista muy funcional. Siempre quiero enfocarme en escribir información que le sirva a alguien; es mi contribución a la comunidad. Hace 6 años, cuando ya me había mudado a México, estaba asistiendo a muchos perreos y me involucré mucho en la escena de reggaetón, que es un género que me mama y que considero de alta importancia cultural en este hemisferio. En ese momento, no había mucha escritura sobre el reggaetón ni el trap latino, y sentí que era un buen uso de mi tiempo, así que compartí cuentos de les artistas del género con un público gringo anglohablante. Sigo estando muy orgullosa de la historia de reggaetón jarocho que escribí en esa época. Pero pasa el tiempo y ahora el reggaeton y el trap latino están en un momento muy diferente. Sobre todo, hay muches escritores increíbles luciéndose en su escritura sobre estos géneros, y no siento que el mundo requiera una mujer blanca opinando sobre el reggaetón. O mejor dicho, yo conozco escritores de música —pienso en mi amix y madrina del periodismo auditivo Richard Villegas de Songmess— y son una especie aparte, obsesionades y compulsives de la mejor manera. No soy una de ellxs, así que era hora de enfocarme en otras áreas. En el cannabis, siento que mi voz sí importa y que tengo algo claro para contribuir al reportaje sobre las drogas. Dicho esto, hace muy poco publiqué una entrevista con Bobi Céspedes, ícono del son cubano de Bay Area, para celebrar sus 40 años de carrera musical. Fue una tarea que me dio Marke B. para su publicación actual 48hills.org. Él, aparte de ser mi papá de la escritura, siempre me manda temas alucinantes.

Quizá sea muy obvio, ¿pero por qué decides llamarle “Crónica” a tu show radiofónico?

Cat: El show es una documentación de la cultura cannábica mexicana durante los tiempos de prohibición. Me anima muchísimo la idea de que los episodios existirán para que la gente del futuro pueda aprender qué estaba pasando con la planta antes de la llegada de las corporaciones internacionales, los porros en el OXXO, etcétera. El formato de periodismo que se llama crónica también siempre ha sido el mío, una mezcla de reportaje y reflexión personal que, yo creo, da sentido al mundo alrededor de nosotres.

¿Cómo llega “Crónica” a Radio Nopal y por qué tuvo sentido para ti que estuviera en su programación?

Cat: Varias versiones de Crónica han salido en un par de otras plataformas, pero sigue siendo una temática medio difícil para los medios mainstream, y probablemente mi manera sagitaria de acercarme a ella también. No me interesa mucho convencer al público general de que la planta no es el diablo. Nuestras conversaciones cannábicas empiezan en un lugar diferente, donde asumimos que nuestro escucha ya se ha dado cuenta de que hay que luchar contra las maneras en que la sociedad utiliza a las drogas como método de control. Es decir, necesitaba una plataforma no comercial, donde no hubiera censura ni la necesidad de usar las entrevistas para vender algo (legal). El equipo de la administración de Radio Nopal vio el proyecto como algo importante desde que lo propuse, y en ningún momento me han tratado de limitar el contenido o cambiar el formato del show. Aparte fueron muy pacientes conmigo cuando cagué las primeras 15 transmisiones por no tener ni puta idea de cómo operar mezcladoras, micrófonos o interfaces de audio. Aparte, siento que la comunidad nopalera es mi gente. Todes somos reñoños cuando se trata de nuestra área de interés, y nos importa más comunicar que lucrar con nuestros shows. Bueno, también tengo que destacar que solo puedo seguir haciendo un proyecto así sin lucro, porque escribo para publicaciones del mismo tema —a veces, hasta adapto mis notas escritas a partir de mis entrevistas para Crónica—. Como pago mi renta con palabras, tengo que pensar en cómo balancear el trabajo pagado con proyectos de amor. La gente ama exigir que los escritores trabajemos gratis, o solo para publicaciones independientes puras de alma que no pagan ni madres. Don’t get me started. Next question.

¿Cómo haces la selección de tus invitados? ¿Qué tipo de personajes te interesa que pasen por los micrófonos de “Crónica”? ¿Y por qué es importante para ti dar voz tanto a consumidorxs y cultivadorxs como a activistas, actores políticos y a personas más vinculadas a la industria cannábica?

Cat: La respuesta aquí regresa al punto que traté de mencionar antes, del periodismo cultural como método para ajustar nuestro entendimiento del mundo. Busco representar el rango amplísimo de gente afectada por el cannabis en la sociedad mexicana. Esto incluye gente que nunca ha estado en una manifestación de legalización, incluye a gente que tampoco consume drogas. Así empezamos a deconstruir estereotipos y demostrar el efecto profundo y complejo que esas sustancias tienen en el tejido del país. Trato de expandir la programación cultural del cannabis, para que en Crónica escuchemos voces que no aparecen en otros medios enfocados en el tema... Evito el exceso de la música reggae y onvres, para ser más corta en mi respuesta. Créeme, me encantan los dos, pero puedes escucharlos en cualquier otro weed show. :P

Recomienda tres de los programas que ha habido de junio a la fecha para que quien no ha escuchado el show comience su inmersión en él.

Uy, no, ¡qué difícil! Aquí voy:

#09 - Zara Snapp

Yo diría que esta experta en política de drogas del Instituto RIA y la coalición Regulación por la Paz se ha convertido en una de las líderes más potentes del movimiento para descriminalizar todas las drogas. Zara ha apoyado al show desde el día uno, debido en parte a su convicción de que diversificar el movimiento lo fortalece. El episodio es una introducción increíble a ella como persona, y cómo su identidad como mujer da forma a su activismo. Empiezas a entender por qué su mensaje se ha vuelto tan potente en esta época compleja.

#32 - Ely Quintero

Ely es una reina de los corridos de Culiacán, y nos dio una plática increíblemente honesta sobre las drogas, la música y su comunidad sinaloense. No debería sorprendernos que una cantante de corridos pueda articular tan bien los hechos de su sociedad, pero creo que pocas veces los medios les piden sus opiniones sobre asuntos pesados como la economía, el sexismo, etcétera. Aparte, Ely hizo una playlist para el episodio con sus corridos que hablan de las drogas desde una variedad de ángulos: sobre una abogada que trabajaba para sicarios, empacadores de producto... Hasta un corrido que escribió para una reggaetonera pacheca.


#39 - Senadora Patricia Mercado + invitada musical: Aura

Tal vez este episodio es bien loquis, pero me gusta porque expresa en un capítulo la diversidad de roles jugados por el cannabis. La senadora fue la primera persona en incluir la descriminalización de las drogas en una plataforma presidencial, cuando se postuló para el cargo en 2006. Tuvimos una conversación increíble sobre la reacción de sus compañeros cuando ella y su partido sacaron el tema (básicamente, diciendo que “era una tema para países europeos, no para México”). También hablamos de cómo las mujeres políticas han sido el motor del movimiento para poner fin a la prohibición. Entre partes (pregrabadas) de esa entrevista, yo me puse biiien pacheca con la cantante dominicana-gringa Aura, quien estaba en el estudio conmigo. Tocamos sus rolas más astrales, reflexionamos sobre la música y la mota. Episodio de política y vibra.