Como una canción soñada en el fondo del mar

Con la voz de Arturo Meza, “Poeta de ningún lugar” adquirió otro significado, como si un charco de agua sucia, aceite y nata de esta ciudad de repente se filtrara y purificara. Como si todo tuviera un nuevo sentido.


Por Perla Espínola


Era un extraño más en el callejón, alcohólico sin luz, poeta de ningún lugar.

Arturo Meza


No recuerdo el año ni el destino. Me encontraba en algún vagón del metro. Salí de mi letargo por el ritmo que, disipado entre los murmullos de la gente, arrojaba un poeta a través de unas bocinas estridentes. La voz de Juan Hernández se sintió como bálsamo. No dudé en comprar el disco que ofertaba el Atlas que en su bocina cargaba el mundo.



Me hice de aquel compilado de rock urbano y descubrí que se trataba de una joya que contenía Valedores juveniles, de El Haragán y Compañía, y algunas de las canciones más llegadoras y profundas de Rockdrigo (como la de “No tengo tiempo”, que hiciera famosa Heavy Nopal), así como la voz aguardentosa de Antonio Lira con el blues característico de Lira N’ Roll. Me sorprendieron varias canciones que no eran tan populares, pero contenían magia y melancolía.




De todas los temas que conformaban el disco, fue “Poeta de ningún lugar” el que más me cautivó. La voz de Juan Hernández y su banda de blues era refugio. El abrazo que en la soledad de la muchedumbre siempre falta. Decidí no compartir mi descubrimiento con nadie y se volvió parte del camino taciturno y ebrio que mis pasos traían de regreso a casa los sábados del Chopo.


La compañía que otorga el rock no siempre es la más amena. La crudeza de su sonido y sus palabras son síntomas de una ciudad siempre marchita que supura heridas antañas que aún duelen. Pienso en los niños que se rifan en los cruceros, aquellos que viven cerca de unas vías abandonadas. O en José... Hace tiempo se supo de su desaparición y al respecto la tira dijo: “Ese niño no importa porque anda en la maña”. Pienso también en el toque antes de subir a la micro para olvidar todo esto y viajar con una rolita de Tex Tex.


Más allá del tiempo, de numerosos traslados, viajes y arrebatos, un día me encontré en Oaxaca. Sentada alrededor de una mesa que disponía un banquete abundante de mezcal, naranjas y chocolate, tras las risas se dio la ruptura que tenía de fondo a Juan Hernández. La canción del poeta desarraigado que uno de los comensales ponía una y otra vez. Mientras él disfrutaba la letra y su sonido yo sentía las palabras hundirse como cuchilladas, pero no podía dejar volar mi llanto y esa ciudad que siempre fue de arropo se transformó en lamento.


En mi triste alucín, Juan Hernández se me mostró tan fantasmal como un santo para recalcarme que ese lugar de mezcales y banquetes no era para mí. “De musas perdidas en el muladar…”. Así, el silencio invadió el camino de regreso hacia la ciudad monstruo. Aunque me habitó por mucho tiempo más. Conforme él se iba arraigando, la sorpresa dejó de sorprender. Me volví indiferente para escuchar una o tal cosa; dejé de reflexionar acerca de qué estaba detrás de cada sonido. Lo peor era mostrarme como si esa sordera no importara, como si todo estuviera bien y no pasara nada.


Hace poco, en este barrio viejo que de tan cambiado a veces no reconozco, estando en la azotea de un amigo donde la vista chocaba con tanto edificio, emergió de nuevo esa canción. Ahora Arturo Meza era el intérprete que me hacía volar y aterrizar en un par de segundos. Y es que en el rock urbano se da mucho eso de versionar canciones de otros autores. ¡Esta era la versión original de “Poeta de ningún lugar”!


Arturo Meza / Foto: Fernando Aceves, Colección Auditorio Nacional

Se desbordaron de mí montones de sentimientos. Iba del asombro a la risa desaforada que sale tras un gran descubrimiento. Sentí caer el óxido que la melancolía había dejado. Nunca imaginé que mi reconciliación con esta canción se diera en el lugar que he crecido y lo liberador que fue desbordarme en sonrisas cuando me mostraron tal portento.


Fue así como se refrescó el sonido. Con la voz de Meza, “Poeta de ningún lugar” adquirió otro significado, como si un charco de agua sucia, aceite y nata de esta ciudad de repente se filtrara y purificara. Como si todo tuviera un nuevo sentido. “Como una canción soñada en el fondo del mar”.