Con palmas y sin seguiriyas: 20 palos rotos para repensar el flamenco

Una recopilación puntual, ultrasubjetiva y personal para tratar de dibujar y repensar el nuevo rostro de una de las músicas más genuinas y fascinantes de España, el flamenco.


Por Ricardo Pineda A. (@PinedayAguilar)


Una de las cualidades más fascinantes del flamenco, al menos para muchos de los oídos y ojos ajenos a él, es su constante tensión de opuestos. O mejor dicho, su elasticidad para poder brillar y dialogar con otras fuentes, estilos y voces fuera de su sentido más riguroso, nutriéndolo, revitalizándolo y reconfigurándolo de forma asombrosa en el paso, con resultados a veces multitudinarios, aborrecibles para algunos y de una entraña desafiante para otros.


Desde sus orígenes hasta los días del pop más pegajoso, las fusiones más incómodas e incluso las francas herejías, el flamenco le ha plantado cara a los puristas más aguerridos para cuestionarlos sobre estilos, identidades y radicalidades: la rumba flamenca arruinando al flamenco puro, Camarón descomponiendo la esencia del cante jondo y los palos fundacionales, los Gipsy Kings internacionalizando un folclor que debía preservarse solo y para el ecosistema andaluz, Enrique Morente juntándose más con los modernillos anglosajones que con los cantaores, Rosalía apropiándose e impostando un estilo que le es ajeno, o recientemente, C. Tangana dando en el clavo de una estrategia de marketing “flamenquito” más que una continuidad del espíritu flamenco en sí. Son tan solo algunos ejemplos de lo que vemos fuera de la palestra discursiva entre heterodoxos, flexibles, experimentales e insolentes, en torno a lo que el flamenco puede o debe ser según sus apreciaciones.


Apreciación. El flamenco es, entre muchas otras cosas que como latinoamericanos, anglosajones o asiáticos no podemos llegar a ver con claridad, una apreciación del mundo desde una de las tradiciones más intensas y bellas de la música española. Interpretación, a través de un canal que parece detonar acólitos y herejes casi en igual cantidad y pasión. Un estilo musical que llama la atención, hipnotiza y logra traspasar fronteras sin perder su halo y poderío. Algo que, en definitiva, parecería ser replicable para otras músicas del mundo pero que al menos al folclor mexicano le cuesta trabajo incorporar con esa soltura, valentía y emocionalidad. Quizás en América Latina solo la cumbia ha superado con creces esa capacidad de expansión, versatilidad y alcances sin perder el fuego esencial que le da vida.


Pero, como dicen los españoles, el flamenco hoy en día mola y está pasando por uno de los momentos más interesantes de su historia en términos de sincretismo, simbiosis y proyección fuera de su cuna sureña.



Problemática y pasteurizada para algunos gracias a Rosalía, pero vibrante y transgresora como en el caso de la gente en torno a proyectos como Los Voluble, el flamenco hoy inspira al público mundial de forma particular, para reconfigurar y entender el mundo desde la mezcla y las entrañas, en donde innovación es raíz pero también una osadía que tiende a ser vapuleada y descalificada en su momento, para posteriormente reconocerse como agente vital de cambio.


Este fenómeno ni es nuevo ni parece atender a una ola que esté por disolverse en lo que llega un nuevo sabor del mes. Por el contrario, hablamos de discos puntuales que nos pueden dar un norte más certero de qué es lo que está pasando en la música contemporánea de habla hispana, al menos durante el último medio siglo.


Así que, os pedís unas tapitas, levantaos los ánimos y palmas, y a rajar los palos más rígidos de los tablaos para que el duende entre por el alma de sus huestes.


1. Smash - «We Come To Smash This Time» (1971)


Pese a que hablamos del mismo espíritu, la era hippie de Estados Unidos dista de la trascendencia que tuvo en otros puntos, eras y contextos particulares del planeta. Y si de la España franquista hablamos, la llegada del ecosistema lisérgico al mundo andaluz tiene en Smash a su figura quintaesencial más osada y vital, en donde piezas como “El garrotín” o “Ni recuerdo ni olvido” son hoy piedras fundacionales del rock andaluz, ese que se atrevió a construir los primeros puentes entre la tradición gitana (con todo y lisergia y escalas árabes) y el rock anglosajón que estaba dando fuego al mundo entero.


Para su segundo disco, Smash afinca de forma más consciente esa simbiosis entre la herencia del cante jondo con la psicodelia y las guitarras poderosas del rock.



2. Las Grecas - «Gipsy Rock» (1974)


Tildadas en muchas ocasiones como un producto prefabricado de corto alcance para glamourizar al flamenco desde las postrimeras rock, Las Grecas supieron encarar el espíritu de la naciente fusión flamenca pop desde el goce del baile, la psicodelia flamenca sutil y las canciones más apasionadas, mismas que hoy siguen siendo sinónimo transfrontera de fiesta desenfrenada e inspiración psicodélica para otros (la incorporación de “Bella Kali” en “Kowboyz & Indians”, de GonjaSufi, es sencillamente exquisita).


Este disco es, además de un paso importante para comprobar las nuevas posibilidades del flamenco de la época, un preámbulo subconsciente de la música disco por venir, en donde otros proyectos como Las Deblas intentarían una jugada parecida sin la gracia inicial de las hermanas Muñoz, quienes tras un contacto iniciático con el rock anglosajón en Argentina, regresaron a España para dar sus primeros pasos en el tablao de Manolo Caracol y convertirse en una historia de subidas y caídas en una incipiente industria musical, en donde lo mismo convivían puristas, gitanos iluminados y monigotes financieros a la caza.



3. Lole y Manuel - «Nuevo Día» (1975)


De formación flamenca tradicional, hijo del guitarrista Manuel Acosta Molina, “El Encajero”, tras su paso por Smash, Manuel Molina conforma un proyecto al lado de su pareja, la cantaora Dolores Montoya, que a través de buenos fundamentos clásicos revitalizan el género con uno de los discos que hoy se consideran parte de la triada de obras que vino a revolucionar al flamenco de la época, acercándolo a nuevas generaciones y dotándolo de un poderío, psicodelia y sentimiento pop natural sin precedentes, manteniendo además el arraigo y la imaginería propia de los elementos primigenios del flamenco.


4. Triana - «El Patio» (1975)


La historia relata que antes de grabar su debut, Lole y Manuel intentaron formar una banda de rock con su amigo “Tele” Palacios, quien abandonaría el proyecto y se uniría a Jesús de la Rosa para formar Triana, el que podría verse como el primer grupo de rock sevillano con líneas mucho más conscientes y premeditadas del ecosistema flamenco.


Con una poderosa psicodelia progresiva muy a la Pink Floyd, Triana fue importante para ampliar el espectro flamenco, manteniendo ciertas estructuras, tiempos, sonidos e incluso imaginería flamenca, haciéndolas sonar fluidas con las baterías, órganos y pasajes rockeros de la época. Un grupo y disco de influencia clave para una buena camada de músicos y grupos que terminarían por darle forma al rock de España (Lagartija Nick, Los Planetas, Lori Meyers, Sr. Chinarro, Maga, Niños Mutantes, entre otros).



5. Enrique Morente - «Despegando» (1977)


Si bien desde su llegada al mundo discográfico del mercado flamenco de finales de los 60, Enrique Morente ya era visto como una voz de modernidad e innovación, con este disco logra atinar a una excepción dentro de la tradición, reformulándola, respetándola, al mismo tiempo que transgrede el canon, volviéndolo oscuro, refinado y sofisticado.


Para algunos, Despegando es el justo medio entre el debut de Lole y Manuel y la ráfaga revolucionaria que vendría después, a manos de Camarón de la Isla. Un disco poderoso, duro y seguro de sí, el cual incorporó sin miedo ni ánimos rock aún la guitarra y el órgano eléctricos. Se trata también de un trabajo que hilvana la musicalidad de poemas cultos y música nueva, desarrollando algunas alegrías que más tarde Camarón interpretara en público.



6. Camarón - «La Leyenda del Tiempo» (1979)


El disco que cierra la triada de flamenco moderno de los 70 junto con el de Morente y el de Lole y Manuel, es también uno de los discos de los cuales se ha escrito y hablado más en la historia de la música española moderna, una obra de rompe y rasga, en donde la figura más popular del flamenco se arriesga a hilvanar un caos rock-jazz-flamenco de sentido avant, bajo la producción Ricardo Pachón, una figura clave en toda esta historia (produjo además a Lole y Manuel, Pata Negra, Tomatito, Veneno y más).


De los días en los que los flamencos ortodoxos regresaban furiosos el disco a las tiendas, a los que hoy es un trabajo de culto que no deja de vender, La Leyenda del Tiempo es un opus vital que toca nuevos terrenos para el flamenco, cerrando el vórtice que abriera Smash años atrás, pero que de alguna forma pondría un nuevo espíritu de encuentro musical transfrontera, adelantado a su tiempo y desconcertante para la época a distintos niveles. Obra mayor.



7. Pata Negra - «Inspiración y locura» (1990)


Tras el catorrazo que representó La Leyenda del Tiempo, el flamenco moderno entró en una suerte de remanso sociopolítico que intentó desdibujar del mapa el rostro gitano más arraigado, diluyendo los amaneceres morenos del otro lado del río. Y, por el otro, el rock se fue despojando en cierto modo de su arrojo libertario y eclosión lisérgica más evidente para volverse un tanto más rentable, accesible, edulcorado y corporativizado.


Vendrían también las primeras grabaciones apelmazadas digitalmente y una premeditación mercantilista que incidiría sobre el sonido y la música en sí. Dentro de esta batalla cultural, fortalecimiento pop y afronta flamenca hacia el escenario global por venir, el cual tendría su corte de caja con los juegos olímpicos del 92, Pata Negra llega a rescatar cierto filo gitano de las periferias para fusionarlo con el rock-pop en 1981, a cargo de los hermanos Raimundo.


Y si bien su disco debut homónimo y segundo opus, Rock gitano (1983, producido por Ricardo Pachón) mantienen la vitalidad, espíritu y nostalgia de un flamenco urbano duro, con este quinto trabajo logran depurar un estilo que entiende al flamenco dentro de ciertas tinturas sutiles del no wave, el blues y el rock más encumbrado, incluso del reggae más pop, sin dejar de lado las palmas, el cante y la impronta de la crisis gitana.


Pata Negra puede ser quizás el eslabón del flamenco moderno más solvente de la época, ahí en donde Ketama quizás fue más ambicioso pero menos contundente, donde el brillo de Ray Heredia con Quien no corre, vuela (1991) suele extraviarse y el de la hija de Lola Flores, Rosario, se inflama de más con De ley (1992).



8. Lagartija Nick y Morente - «Omega» (1996)


Para la llegada de Omega, Enrique Morente ya tenía fama de transgresor experimental y La Leyenda del Tiempo de Camarón ya había pasado por sus primeras revaloraciones. Lo que venía era doblar la apuesta por el rock y traer ese poderío sobre lo que el flamenco podía llegar a ser, más allá de un ejercicio cansino de fusión. Esto con la ayuda de Lagartija Nick, grupo que traía todo un entramado rockero medio post-punk con sus guiños a Bauhaus y a los Bad Seeds, en donde la poesía y oscuridad de Lorca teñían la atmósfera creativa que hermanaría también a Leonard Cohen, a través de la intuición flamenca de Morente.


El resultado, para algunos, es un rock flamenco mucho más cohesionado que La Leyenda del Tiempo, y en definitiva un punto de inflexión no sólo en la carrera de Lagartija Nick y Enrique Morente, sino para la música española contemporánea. Se trata de un disco que agarra al grunge de bajada y a la era indie rock de los albores del internet en justo despegue, reimaginando los palos desde un sitio crítico, potente y que, en cierto modo, amalgama su esencia más pura.


9. Los Planetas - «La Leyenda del Espacio» (2007)


El conjunto granadino nunca ha negado que la cruz de su parroquia es antisistema, anticosmopolita y profusamente gitana, en donde la forma de ver el flamenco por parte de Jota y compañía cruza los distintos puntos de convergencia entre la tradición del cante y el rock de guitarras.


Tras toda una carrera dedicada al rock indie medio shoegaze con ínfulas pop-punkarro, Los Planetas emprendieron, casi una década después de su nacimiento como banda, una suerte de cruzada discográfica que exploraba los vericuetos de los palos flamencos con el noise rock y las capas de feedback, haciéndolo más evidente en este disco, el cual nos confiere en el título al legendario disco de Camarón para escarbar sobre la tradición flamenca profunda. Posteriormente, esta búsqueda continuó de forma más intrincada y cargada en su denso Una ópera egipcia (2010), para casi dejarlo por la paz (casi) en Zona temporalmente autónoma (2017).



10. Soleá Morente y Los Evangelistas - «Encuentro» (2013)


En cierto modo, Los Planetas han sido el eje de los indie rock seguidores de la exploración flamenca de la curva noventera y la primera década de los dosmiles, llámese Eric Jiménez (baterista) con Lagartija Nick o Jota con Niño de Elche (Fuerza Nueva), Grupo de Expertos Solynieve, o rindiendo homenaje a Enrique Morente con la más fresca de sus hijas, Soleá, a través de Los Evangelistas.


Y si bien pudiera sonar a más de lo mismo (rock meets flamenco vía capas de sonido y cante bien atacado), lo cierto es que estamos ante un buen estertor subconsciente y temprano del rock flamenco, que por más de tres décadas fue una de las exploraciones más interesantes del folclor español fuera del pop mainstream de fórmula.



11. Dellafuente ‎– «Azulejos de Corales» (2015)


Con la llegada del trap al mundo de habla hispana, también vinieron los primeros juegos y puntos de encuentro con el autotune, las rimas y las dinámicas de pimp de internet. El caso de Pablo Enoc Bayo Ruiz, “El Chino”, mediante su proyecto Dellafuente incorpora de forma más icónica y consciente eso que en Pxxr Gvng se tocó antes pero más como un gesto y una actitud de fondo.


En Azulejos de Corales hay toda esta imaginería barrial gitana vía bases, secuencias y trapeo granadino, que lo mismo evoca a Los Chichos, que a Lorca, el house o Ketama con un halo a la 50 Cent, poniendo en sólido el maridaje evocado de forma un tanto más tímida por muchos de los raperos previos a Dellafuente (Mala Rodríguez, La Excepción, Hablando en Plata, Juan Profundo, etcétera).



12. Los Voluble y Niño de Elche - «Raverdial» (2016)


Si bien la figura de Niño de Elche como un flamenco curioso, explorador y de ruptura ya se ubicaba desde los inicios de la década pasada, fueron sus primeras colaboraciones con otros músicos fueras del ámbito clásico de la tradición flamenca las que dieron en el clavo para impulsar a un verdadero provocador y hoy orgulloso exflamenco.


Esta junta con Los Voluble, que más que reconfiguradores del flamenco son unos terroristas multidisciplinarios de la tradición flamenca (qué tanto se ama algo para tener la valentía de destruirlo sin perder su expresión más sólida), viene a ser también una suerte de estatuto, declaración de principios y, de paso, el pistoletazo de una nueva generación de artistas, sensibilidades, visiones y posibilidades para el flamenco como lienzo creativo.


Experimentación, deconstrucción, dislocación, ruido, beats descompuestos y palos rotos, cante oblicuo y seguiriyas harto poderosas. Adiós a los discos y adiós a las canciones para dar paso a cuestionamientos válidos, un diálogo extramusical y, sobre todo, un goce mucho más vibrante, en torno al flamenco.


13. Khaled (PXXR GVNG) - «Khaled x Cookin Soul» (2017)


La Pxxr Gvng vino a ser una suerte de Los Chunguitos para el mundo moderno, unos gitanazos que reconocían ese vínculo esencial, mediante samplers y referencias a sus figuras y códigos, pero sobre todo a su espíritu. De sus cuatro integrantes, Khaled es quizás el más inclinado hacia el flamenco, avivando más la línea árabe de extracción marroquí que la española.


Palmas, chilabas y cantes se hilvanan de forma natural con el trapicheo, los códigos de honor callejero y el hipnotismo de la sensualidad femenina en las piezas de Khaled, quien tiene sus momentos más afortunados cuando lo produce el gran Cookin Soul, como si fuera uno de esos acontecimientos de pareja que se dan rara vez en el flamenco, muy a la Camarón-Paco de Lucía.

14. Rocío Márquez - «Firmamento» (2017)


Dentro de esa camada de músicos afinados que interactúan con la tradición flamenca, en donde artistas como Gaspar Claus o Fuel Fandango logran una fusión contemporánea menos visceral pero con una emoción bien lograda, la cantaora originaria de la ciudad de Huelva, Rocío Márquez, destaca de sus contemporáneos por ir con un cante entrenado de forma suprema y temeraria como para interactuar con fuerza y sin imposturas en el plano orquestal o jazzístico.


Prueba de lo anterior es su tercer opus, Firmamento, el cual captura ciertos ánimos operísticos y avant jazz para dejarse guiar por la mano siempre visionaria de Raül Refree, excelso productor que ha potenciado y repensado el trabajo de otros músicos destacados en el panorama contemporáneo, como Rosalía, Rodrigo Cuevas, Albert Pla, Richard Youngs, Lina Rodrigues, Lee Ranaldo, entre muchos otros.


En Firmamento, Márquez convierte su voz y los palos flamencos en un marasmo abrasivo y sobrecogedor de altos vuelos, el cual lleva los códigos de su sentido más clásico a un diálogo prístino y tridimensional con clase, estilo y una energía brutal que doma con maestranza. Pieza mayor que retumba allá en Sacromonte.


15. Exquirla - «Para Quienes Aún Viven» (2017)


Nacido de la junta entre Niño de Elche y la banda madrileña de post-rock Toundra, Exquirla aborda una visión apocalíptica del mundo muy a la Godspeed You! Black Emperor, en donde las guitarras y el cante emulsionan de forma sobrecogedora, estruendosa y completamente vibrante, recordándonos que el maridaje del flamenco con el rock, hoy en día, ya es un canon en sí que ocupa estarse refrescando el rostro de vez en vez.


16. Rosalía - «El Mal Querer» (2018)


Mucho se ha hablado de lo poderoso y problemático a tandas iguales que resultó el despegue mundial del fenómeno Rosalía para el mundo del flamenco, una artista que venía de un debut notable (Los Ángeles, 2017, producido justo por Raül Refree), quien encontró en El Guincho a la mancuerna perfecta que bajara su concepto para dar vida a un flamenco-pop medieval de esta era, el cual hoy parece difícil de igualar incluso por sus autores mismos.


Con Rosalía no solo viene la imaginería flamenca de nueva cuenta al mundo del mainstream mundial, sino que se avivan las llamas de lo que esta debería o podría ser o no, dividiendo públicos, incomodando clásicos, semiateos e incluso a herejes moderados. El fenómeno de El Mal Querer fue tal, que incluso artistas como La Mala Rodríguez o Ana Torroja han tratado de echar mano del ecosistema de las cuevas y los tablaos para ver si pasa algo con los remansos de sus carreras. Sin embargo, parece que estuvimos ante un chispazo de fuego impulsado por la técnica, el talento y el carisma de una figura novel como Rosalía y al genio siempre visionario del canario El Guincho.

17. Niño de Elche - «Antología del Cante Flamenco Heterodoxo» (2018)


El mismo año que sale El Mal Querer, Niño de Elche lanza el que hoy es una suerte de declaratoria sustancial de principios en torno al flamenco, a través de un compendio pormenorizado de cantes, estilos, fandangos, seguiriyas, herejías, transmutaciones y francos detalles flamencos.


En Antología del Cante Flamento Heterodoxo, el cantaor autoproclamado hoy exflamenco abraza, ama, reconfigura, folla y descompone para bien y para mal la tradición que le vio crecer, nutriéndola en el paso mediante una obra poseedora de visión profusa, experimental, alta inteligencia y humor.


Junto con El Mal Querer, la obra y figura tanto de Rosalía como la de Niño de Elche parecen ser las dos caras de una misma moneda alrededor del flamenco, generando rasquiña entre propios y extraños, haciendo que los cándidos días de La Leyenda del Tiempo de Camarón luzcan como una completa etapa de inocencia anecdótica.



18. Califato ¾ ‎– «La Contraçeña» (2021)


La inspiración reciente en torno al flamenco y al folclor andaluz no ha parado ni se ha dormido en sus laureles. Justamente de 2018 a la fecha, el trabajo del combo electrónico Califato ¾ ha venido inyectando un brío que se presume como necesario para repensar y vivir el flamenco incluso en su sentido más clásico, a través de un estilo sumamente genuino, en donde el humor regional, la imaginería andaluza y la electrónica rota conforma palos bien bailables, bellos y entrañables, empujando en ocasiones al flamenco a un lugar, si bien menos controversial, igual de refrescante y vital.


19. C. Tangana - «El Madrileño» (2021)


El fenómeno reciente de C. Tangana evoca lo que en España suele ubicarse en días recientes en aquella imaginería conocida como flamenquito o flamenkito, ese fenómeno pop de alta venta que usa como soporte la tradición para ser un maremoto mediático. Un término que alguna vez no fue para nada despectivo.


Si partimos de ahí, la explosión definitiva de C. Tangana, quien por fin ha dejado de intentar un trap sobreintencionado y más bien planón, es el resultado de trabajo duro, colaboraciones estratégicas y una redimensión moderna de la música hispanoparlante, a partir de la revisión y la integración bien planeada.


Para muchos, El Madrileño es un ejercicio de goma de mascar oportunista, demasiado obvia y poco relacionada con el flamenco. Para otros, una oportunidad para pensar la tradición fuera del rock de guitarras, la fusión mestiza con intenciones globales o las actitudes demasiado arrogantes o radicales. Lo que sí es que, pese a la resistencia que uno ponga sobre los macanazos pop, el trabajo de C. Tangana va, pega y mola, con el flamenco en un sitio bien cimentado.


20. Israel Fernández, Diego del Morao y El Guincho - «La Inocencia» (2021)


La ruptura de las formas y los cánones engendra nuevos moldes e intenciones. Y si dentro del fenómeno de C. Tangana, Rosalía o Niño de Elche tenemos a figuras que toman la ruptura para explorar vertientes más amplias, en el caso del recién llegado al flujo neoflamenco, Israel Fernández, parece indicar que ahora los mismos códigos modernos, pop, incluso de forma visual estética se encuentran decantados en la dirección opuesta, en donde el clasicismo de Rocío Márquez o la esencia andaluza de Califato ¾ reman de nueva cuenta hacia lo formal, al cante, incorporando los códigos de novedad más como un soporte de forma para las nuevas audiencias que de fondo.


Fernández y Diego del Morao lanzaron un alto disco el año pasado, impulsado en las formas clásicas con una dirección mainstream para Universal Music; sin embargo, el sencillo reciente tirado apenas hace unas semanas bajo la producción de El Guincho parece intentar un tiro interesante, en donde la emocionalidad y los códigos flamencos en bruto son los pilares de confianza para ver hacia adelante. Habrá que estar pendientes de lo que depara este cantaor de fuerza para los días venideros. ‎