Escuchar y expandir: 20 mareas de sonido para nadar en sintetizadores

Evolucionados como una herramienta que hoy se presume como esencial para la creación sonora, los sintetizadores han sido piezas clave del panorama musical de al menos los últimos 50 años. Hicimos una selección de 20 discos cuyo espíritu y sonido fueron dados por la síntesis electrónica.


Por Ricardo Pineda A. (@PinedayAguilar)


Un niño del futuro camina inocente por un basurero humano-tecnológico, entre piedras, plantas, agua sucia y un infinito pasillo de cacharros. Su curiosidad lo hace detenerse frente a un armatoste a medio conectar, muy parecido a los pianos de la prehistoria. Apenas el contacto ha emitido un sonido rudimentario que sorprende por arcaico, rugoso, casi accidental.

Ese mismo niño se pregunta si aquello es natural o elaborado, aunque esa pregunta a estas alturas de la historia parece irrelevante, como irrelevante fue ya hace mucho el planteamiento del mejor guitarrista del mundo, la montaña más alta o si el huevo antecede a la gallina. Así, un sintetizador es a la música lo que el aire es a la vida y lo que la manzana al árbol. Regresemos a 2021.

Hablar hoy de los sintetizadores en la música es prácticamente hablar del saxofón en el jazz o las cuerdas en la música clásica; una categoría amplia, jabonosa y cada vez más inabarcable. Un universo en sí mismo.

Sin embargo, la historia nos ayuda a poner puntos, pistas, tachuelas y coordenadas que nos pueden ayudar a acercarnos, tener una idea y trazar un compendio apenas pincelado sobre una de las herramientas-instrumentos más importantes para la cultura musical contemporánea. Lo que iniciara en la década de los 50 como un ejercicio más eléctrico que con fines musicales, hoy es uno de los pilares más completos del pop y la música electrónica como la conocemos en nuestros días.

Desde los días del theremin y los primeros armatostes Moog, pasando por la polifonía, la tecnología MIDI y los siempre cálidos y maravillosos modulares, la síntesis electrónica de la música ha logrado abrir un portal de posibilidades que se presumen infinitas. Aquí, 20 muestras que dan fe de ello. Seteen las secuencias, los sonidos y las texturas pertinentes.


1. Mick Jagger - «Invocation of My Demon Brother» (1969)

Desde el futurismo italiano hasta el ocultismo occidental, la síntesis electrónica tuvo sus primeras apariciones incluso previa llegada de los primeros aparatos Moog, y no fue hasta los 70 que su acceso se fue popularizando, siendo una herramienta relativamente accesible e intuitiva, en un principio más como un emulador y generador de ruidos y sonidos, que para componer música formalmente.

Los primeros rafagazos vinieron de la alternativa psicodélica, las visiones ocultistas y transgresoras. Un buen ejemplo es el score del vocalista de los Rolling Stones para el corto de 11 minutos del no menos polémico cineasta queer-experimental-satánico Kenneth Anger; uno de los primeros y desconcertantes pasos de los sintetizadores y un trabajo que bien pudo haber sido la creación de un Aaron Dilloway temprano, o cualquier otra figura de oscuridades experimentales analógicas.



2. Isao Tomita ‎– «Snowflakes Are Dancing» (1974)

Tras los albores experimentales, la complejidad y posibilidad compositiva de los sintetizadores hizo su aparición sobre todo dentro de un ecosistema que se permitía lo atípico, lo adaptativo e incluso lo cursi bajo tamices anómalos, como venido de otra galaxia. Por un lado, el rock progresivo comenzó a darse dichas licencias, pero por el otro, el new age le abrió los brazos a genios noveles de Oriente como el compositor Isao Tomita, quien con este disco trajo a cuento la clásica sublime del gran compositor francés Claude Debussy, “Claro de Luna”.



3. Kraftwerk - «Autobahn» ‎(1974)

Mucho se ha hablado de Kraftwerk y pocos consensos hay entre los enterados del krautrock, la electrónica y la evolución de la música popular como lo es la influencia ejercida por el proyecto fundado por Ralf Hütter y Florian Schneider. Dentro de esta lista bien podría figurar sin problema alguno de sus primeros trabajos o el gran Computerwelt de 1981, pero este sin duda es la piedra de toque internacional que sorprendió a los grandes públicos del mundo.

Y si bien Autobahn es un disco que incorpora instrumentos clásicos, su tema principal constituyó en cierto modo un pilar para propulsar la síntesis electrónica hacia ámbitos que hoy son bien socorridos como el electro-funk, el ambient o el sobadísimo synth-pop. Ponme fuerte Autobahn dentro del coche, así como que vamos en una carretera del futuro.



4. Tangerine Dream ‎– «Phaedra» (1974)


Abogando por un rock más libre y continuando la batuta alemana en las progresiones electrónicas, el quinto trabajo de la agrupación liderada por el oscuro y visionario Edgar Froese vino a afianzar un rango mucho más variado y futurista para su tiempo, que hoy a la distancia lo hace ver a medio camino de la vanguardia y el pastiche comercial, melódico pero extraño, rítmico y confuso a la vez, y sobre todo emocionalmente ambiguo. Sus pasajes sintéticos fueron la inspiración para los trabajos más sólidos de bandas como New Trolls o Solaris.


5. Jean Michel Jarre ‎– «Oxygène» (1976)


Atmosférico, fastuoso, descaradamente efectista en su misticismo accesible, pero también ingeniosamente hilvanado y sin complicaciones épicas, el tercer disco del compositor francés sigue siendo una piedra de toque que no sólo catapultó su carrera, sino que también afianzó las posibilidades musicales de los sintetizadores para los grandes públicos, a quienes la electrónica les fue pareciendo, poco a poco, una paleta común de su tiempo y espacio.



6. Electronic Music Experiment Studio Ensemble, Eduard Artemiev - «Solaris» (1978)


Como parte de su naturaleza asociativa con el futurismo y la obsesión con el espacio de la época, los sintetizadores también fueron construyendo una historia trascendente en el cine, dejando al ala rusa una narrativa de tintes propios importantes y no menos sorprendentes.

El soundtrack original para la emblemática película de Andréi Tarkovski, compuesta por Eduard Artemiev proviene de un sintetizador que es en sí misma una pieza análoga de museo, casi fotocopiadora, casi pieza de alquimia oculta llamada el sintetizador ANS, que funciona de forma fotoelectrónica. Una obra casi única que ha inspirado por décadas, incluso fuera del contexto de la película para la cual fue creada.

Hace no poco, el gran The Bug, alias del productor Kevin Richard Martin, hizo una reimaginería sonora para acompañar al filme que vale la pena visitar.



7. Gary Numan ‎– «The Pleasure Principle» (1979)


La obra maestra del músico y compositor inglés puso punto final a la década de los 70 con un trabajo consistente, el cual tiene el mérito de haber hecho la ya para entonces famosa música de máquinas un disco con ritmo y fácil de escuchar, inteligente y con dirección pop, al tiempo que resulta fresco e inmediato al cuerpo. Los robots estaban triunfando.



8. Ultravox ‎– «Vienna» (1980)


El new wave y el post punk europeo fueron encontrando en los sintetizadores un aliado natural, cortante y maravilloso que lograba capturar la desolación y el gandallismo de la época, a partes iguales sin desmerecer en calidad musical. Y para el caso del cuarto trabajo de los londinenses Ultravox, la herramienta más discreta y efectiva del que hoy sigue siendo su obra maestra, una ahí en donde las deudas tempranas con la experimentación kraftweriana y con Roxy Music fueron saldadas, reimaginando el synth rock y synth pop que terminarían capitalizando bandas de cuño más prolongado como Depeche Mode.



9. The Human League ‎– «Dare» (1981)


En más de una ocasión se ha dicho que este disco es irrepetible, tanto por confección como por el éxito que detonó, poniendo lo labrado por Gary Numan apenas algunos años atrás en un sitio aún más revolucionado, pese a ser un disco que difícilmente podía ser presentado en vivo dadas las complejidades presenciales detrás, en donde los infortunios, la preconcepción con fines mercantiles y la falta de profesionalización fueron parte del milagro.

Hoy, este disco es una piedra angular del synth-pop y “Don't You Want Me” es una pieza que sigue siendo infalible en la pista de baile.



10. Wendy Carlos ‎– «Tron» (1982)


La figura de Wendy Carlos es revolucionaria e inspiradora desde distintos frentes. Por un lado reimaginó la música clásica y entabló un diálogo temprano con la electrónica, pero también fue esencial para incorporar los linderos trans en la cultura.

Si bien su adaptación electrónica al trabajo de Bach y su incorporación en el soundtrack de A Clockwork Orange, de Stanley Kubrick, son dos de los puntos más álgidos de su carrera, el score para la película de ciencia ficción Tron merece una mención especial en esta lista gracias al tratamiento natural de los sintetizadores y el contexto en el que surgió, amén de que con Tron y la evolución cada vez más acelerada de la música electrónica, el retrofuturismo haría su aparición en el inconsciente colectivo, sonando cada vez más kitsch, nostálgico y algo deslucido, incluso humorístico.



11. Solid Space ‎– «Space Museum» (1982)


Considerado como un clásico de la música sintética de inicios de los 80, lo cierto es que este dueto británico inspirado por la ciencia ficción es a su vez un artífice del culto subterráneo más riguroso de la electrónica, en tanto su sentido lúdico es un retruécano que pudiera provenir de una mente dislocada y su maravilla radica en lo minimal, lo desconcertante y primitivo. Una maravilla precaria que se percibe inmediata y honesta; un tesoro análogo hermoso.



12. Depeche Mode ‎– «Music For The Masses» (1987)


Para inicios de los 80, Depeche Mode ya estaba construyendo los cimientos para el synth-pop más grande y salvaje de Europa. Sin embargo, no fue hasta su sexto álbum de estudio que Dave Gahan, Martin Gore, Allan Wilder y Martin L. Gore conseguirían confeccionar el traje digno más completo del pop sintético, con un equilibrio entre el pop de masas y las inquietudes rock de Gahan con la estética sensual, avanzada y sofisticada de Gore.



13. Front Line Assembly ‎– «Caustic Grip» (1990)


Gracias a sus cualidades culturales intrínsecas y su cercanía con Estados Unidos, Canadá suele ser un páramo musical que olvidamos con frecuencia o al que hay que saber rastrear para encontrar las joyas sonoras. Aquí un ejemplo que vio la luz en la luz temprana de los 90, una vez que los sintetizadores evolucionaron y asimilaron tanto al rock más duro con la esencia pop bailable más inmediata. EBM Industrial contundente y con sus perillas bien aceitadas.


14. Vangelis ‎– «Blade Runner» (1994)


Ευάγγελος Οδυσσέας Παπαθανασίου es mejor conocido como Evángelos Odysséas Papathanassíou y, para el mundo es mejor conocido también como Vangelis, un genio de la épica sonora, con un paso entre el progresivo, la neoclásica de cuño new age y de la electrónica de vanguardia. Para 1994 hizo una reimaginería de la obra mayor de ciencia ficción de 1982, Blade Runner (Ridley Scott), propulsando una obra a medio camino entre el retrofuturo, el ambient y los sintetizadores más metálicos.



15. Autechre ‎– «Tri Repetae» (1995)


Pocos proyectos dentro de la electrónica son un universo complejo en sí mismo sin perder estilo, color y personalidad bien definida, y en el paso ser tan prolíficos y mutantes como el dueto de Manchester. Y si bien Autechre ha confeccionado un techno, hip-hop, ambient, electro experimental y música concreta echando mano de samplers, cajas de ritmos digitales y analógicas distintas, cuando hacen uso de sintetizadores el resultado es totalmente brutal. Uno de los puntos más álgidos es este disco, su tercer opus duro, abstracto y dislocado con creces.



16. Aphex Twin ‎– «...I Care Because You Do» (1995)


La etapa de sintetizadores análogos de Richard D. James, alias Aphex Twin, cierra en cierto modo de forma magistral y para algunos medio tardía, con una obra de peso, imaginería y maravilla sonora, ácida, techno experimental y de polvo experimental sin parangón, gracias a su brillante uso de las cajas de ritmos y los sintetizadores análogos.


17. Add N To (X) ‎– «On The Wires Of Our Nerves» (1998)


Una sorpresa inglesa de finales de los 90, electroclash experimental de altos vuelos y un uso por demás eficiente de los sintetizadores, con tinturas rugosas en su sitio, dando bandazos inteligentes e intuitivos por el pop dulce de goma de mascar, el rock encabalgado y la sensualidad electrónica. Maravilla.



18. Outkast ‎– «Stankonia» (2000)


Más allá de ser la obra maestra del dueto de Atlanta, Georgia, un compendio brutal del gangsta, rap consciente, p-funk referenciado y letrísticamente superior, Stankonia es una pieza fundamental del hip-hop y la música popular por su producción, la cual echa mano de los sintetizadores de una forma brillante, ingeniosa y ensamblada como pocos discos en el mundo del rap.



19. Coil ‎– «ANS» (2004)


Como una más de sus jugadas geniales y crípticas, John Balance tiene acceso al sintetizador ruso con el cual se grabó Solaris para hacer este disco cargado de oscurantismo y mística abstracta, dividido en cuatro cortes abundantes de experimentación cáustica y desconcierto ambiental abrasivo.



20. Caterina Barbieri – «Ecstatic Computation» (2019)


En cierto modo, el trabajo de esta nueva figura italiana resulta refrescante tanto para la electrónica como para el trabajo específico de sintetizadores, regresando a un doble propósito. Por un lado, en poco tiempo Barbieri ha regresado el sentido intuitivo y desacralizado sobre las máquinas, bajo una actitud a contracorriente y fuera de los cánones, pero también cumpliendo con una frescura y sencillez original que la hace especial, disfrutable y no por ello menos compleja. Podría decirse que Ecstatic Computation es el regreso del sintetizador analógico a uno de sus lugares más idóneos.